BIOGRAFÍA DE LÉON VANNIER I
Posted: Enero 27th, 2012 | Author: Maria Luisa Rey | Filed under: Biografías, Historia | No Comments »
Fuente: Dr. Séror http://www.homeoint.org/seror/biograph/vannier.htm
Profesor Léon Vannier (1880-1963)
Biografía del Profesor Léon Vannier (1880 – 22 septiembre de 1963)
Esta biografía no contiene ninguna fotografía, aunque la fototeca de H.I. está abundantemente provista en lo que concierne a León Vannier y su familia. Se cederán a la obra que Mme. Jacquelin León Vannier escribió en 1964 después del fallecimiento de su esposo para una biografía mucho más amplia.
Homenaje del Dr. E. Caulier, en la Revista belga de homeopatía, in memoriam, 1963, N°3, en el momento del fallecimiento del Profesor León Vannier.
Fue uno de los promotores más eficientes de la homeopatía no sólo en Francia, sino que sus teorías han sido divulgadas y son seguidas en el mundo entero.
Volver a trazar la historia de sus múltiples actividades científicas es una tarea realmente difícil, por lo cuantiosas que fueron éstas.
Su vida estuvo consagrada por completo al fin que se había propuesto:
“Hacer conocer la homeopatía y sobre todo hacer de ella una medicina noble y adaptada a los conocimientos modernos de la medicina, y así luchar contra la oposición encontrada en los medios oficiales y también contra una cierta forma de aplicación de los conocimientos homeopáticos que no eran los ortodoxos”.
Ha logrado salir adelante perfectamente y su obra, imperecedera, fue coronada por el éxito.
Ha adherido a sus ideas a los grandes de la Medicina, tanto miembros de Academias de Medicina como profesores de Facultad.
Ya en 1905, comienza sus publicaciones sobre el tratamiento de ciertas enfermedades y sobre la adaptación de la Materia médica a los conocimientos actuales.
Los múltiples comentarios sobre Materia médica, redactados siempre con una asombrosa claridad, dan fe de ello quedando unos escritos que sobrevivirán siempre.
En 1912 crea La homeopatía francesa, revista, que se publica durante toda su vida no sólo con una regularidad puntual, sino que está siempre llena de interés. Todos los que conocen esta revista la conservan como verdaderos documentos que nunca envejecerán.
Con sus conocimientos homeopáticos, entra en todos los campos de la medicina: cirugía, oftalmología, ginecología, obstetricia, otorrinolaringología, pediatría, psiquiatría. No hay ningún ámbito en el que no penetre y dónde no muestre cuáles son las etiologías y los tratamientos adecuados.
En 1924 establece con nitidez la doctrina homeopática, describe las constituciones y los temperamentos, establece los elementos ciertos y probados por el iriscopio, método de control diagnóstico que apreciará hasta el fin de su carrera.
En 1925 publica Estudios y publicaciones de los estados hidrogenoides, tuberculínicos y de su tratamiento. Entonces hace diagnósticos por el iris.
En 1926 continúa y publica sus Estudios tipológicos de las constituciones con con referencia a las constituciones. Estudia y publica los estados precancerosos, que él llama “cancerínicos” y prescribe para ellos el tratamiento, proclamando así una prevención del cáncer nunca alcanzada en la medicina ordinaria.
Ningún campo de la patología es extraño para él, ninguno, más profundamente explorado en sus investigaciones, y así descubre múltiples aplicaciones de la isoterapia.
Todo este período de su vida está intercalado por múltiples conferencias pronunciadas en los medios científicos:
Sociedad de Estomatología de Bélgica, en 1912,
Sociedad de Estomatología de París, en 1913.
En el Teatro de los Campos Elíseos, 1924, Isoterapia y homeopatía.
En 1930, Cámara de Comercio de París, Tipología.
1930, 1951 y 1952, múltiples conferencias en el Colegio Libre de Ciencias Sociales.
En 1931, en la Sede de la British Homoeopathic Society de Londres: La obra de la homeopatía francesa.
Si queremos ahora echar una mirada a las obras que ha publicado, encontramos en
1919, Introducción al estudio de la homeopatía,
en 1925, Diagnóstico de las enfermedades por los ojos, iriscopia e irigrafía,
en 1930, Tipología y sus aplicaciones terapéuticas,
en 1931, Doctrina de la homeopatía francesa,
en 1932, Diagnóstico de las enfermedades por los ojos, que titula Compendio de iriscopia, y al mismo tiempo:
Compendio de Materia médicale homeopática con la colaboración del doctor Jean Poirier.
Él mismo crea dinamizadores y obtiene sus patentes. Adquiere la patente de su iriscopio y de su irigrafía.
Pero además de eso continúa con su práctica médica. Crea un dispensario homeopático en París en la calle de l’Abbé Broute.
En 1912, un Dispensario en el bulevar Montparnasse.
En 1914-1919, atiende en el Hospital Auxiliar 181 en Le Mesnil-Saint-Denis (S. & 0.)
En 1931 crea el Dispensario homeopático, que existe todavía en el bulevar Auguste Blanqui, donde las consultas son gratuitas, pero se acompañaban de una lección práctica gratuita.
En 1926 es el promotor de la creación de los Laboratorios homeopáticos de Francia, que en nuestros días se han convertido en propiedad de los Laboratorios Boiron.
La S.A. Laboratorios homeopáticos de Francia fue creada en 1926 por enfermos agradecidos. El fin perseguido por los fundadores se indica en el artículo 3 de los estatutos de esta sociedad. Se encuentra allí registrado el fin mismo de su existencia.
Esta sociedad tiene por objeto todas las operaciones de cualquier ejecución que se relacione con la fabricación y la venta al por mayor de productos homeopáticos, el estudio y la adopción de procedimientos nuevos para obtener de modo cada vez más racional y científico la preparación de estos productos.
La sociedad podrá, de cualquier manera que sea, interesarse por las empresas que se relacionen directa o indirectamente con los propósitos arriba especificados y especialmente sostener la instalación y el funcionamiento de un Dispensario homeopático y de todos organismos cuya naturaleza sea ayudar al desarrollo de la homeopatía francesa.
Se convierte en presidente fundador de la Sociedad de homeoterapia de Francia en 1927.
Y no menciono bastantes sociedades en las que toma una parte activa y cuyo fin es siempre el desarrollo de homeopatía.
En 1932 crea el Centro homeopático de Francia en la calle Murillo. Enseñanza, cursos, conferencias, biblioteca, informaciones técnicas y profesionales. Ciento sesenta y cinco alumnos son ya inscritos en el año 1932.
En la actualidad, el Centro homeopático de Francia continúa sus divulgaciones, sus investigaciones científicas y perpetúa su proyección por el mundo entero.
Esto demuestra con suficientes documentos que lo apoyan lo que fue el doctor León Vannier: uno de los creadores más grandes en nuestros días. Pocos hombres tienen tantas realizaciones en su haber.
La biblioteca que creó es completa. La lectura y el estudio de todos sus libros es más que suficiente para conocer y practicar con toda seguridad la medicina homeopática.
Los que lo han conocido bien y han podido conversar con él en la intimidad, no han podido tener sino admiración, en primer lugar, por su espíritu científico y además por sus calidades de rectitud, probidad y caridad. Porque, pese a un exterior que parecía tajante algunas veces, escondía una alma delicada, pronta a la mansedumbre y siempre presta a dar generosamente el consejo justo y preciso, y prestar asistencia con toda su natural generosidad al que recurría a él.
Permítaseme reproducir aquí lo que escribía en una crónica de La homoeopathie française, donde su deseo de conciliación sale a la luz de modo explícito:
“Después de un intercambio de explicaciones francas y leales, debe establecerse una unión sincera coordinando los esfuerzos de todos, con el fin de asegurar definitivamente el futuro del homeopatía”.
Sólo podemos desear que este esfuerzo, que ha mantenido toda su vida, sea por fin coronado por el éxito.
Conservamos el recuerdo de una lumbrera de la ciencia cuyo resplandor no se empañará. De un hombre bueno y generoso que ha dado lo mejor de su existencia por el bien y la salud tanto moral como física de la humanidad.
Su nombre permanecerá inscrito e inolvidable en el registro de los más altos valores.
Nota del doctor Robert Séror :
He aquí la lista de las obras del Profesor León Vannier
- La doctrina de la homeopatía francesa,
- Los orígenes y el futuro de la homeopatía,
- La práctica de la homeopatía,
- Los remedios agudos,
- Compendio de terapéutica homeopática,
- Características esenciales de los remedios homeopáticos,
- Néohipocratismo y homeopatía,
- Los tuberculínicos y sus tratamientos homeopáticos,
- Los cancerínicos y sus tratamientos homeopáticos,
- La tipología y sus aplicaciones homeopáticas.
Mi maestro el doctor Robert Dufilho, que fue su discípulo y su amigo, me señaló que León Vannier en el momento de su muerte tenía dos obras en preparación:
Los remedios crónicos en homeopatía,
MMH comparada.
Y, a este efecto, me confió las notas que deberían servir para el tema de estas dos obras (Noviembre de 1999).
En el momento de su defunción, sus parientes, sus amigos, sus discípulos publicaron una visión general de lo que fue la vida de León Vannier. He aquí este homenaje, que aquí se reproduce:
Los colegas que participaron en esto fueron los siguientes por orden alfabético:
- Doctor Azam (Toulouse).
- Doctor J. L. Borliachon (Cannes). Antiguo jefe del Dispensario Hahnemann.
- Profesor Bouligand, profesor en la Sorbona. Miembro del Consejo de administration del C.H.F.
- Doctor Hélène Cadenat.
- Doctor Pierre Cantegrit (Aix-en-Provence).
- Doctor Caulier (Bruselas), présidente de la sección extranjera de los Congresos nacionales del C.H.F.
- Doctor Jean Daniaud, miembro del Consejo de administration del C.H.F. Presidente de la sección de acupuntura del C.H.F.
- Doctor Henry Deloupy (Niza).
- Doctor Yves Desjars, presidente fundador de la Sociedad homeopática del Oeste.
- Mr. André Dodd, antiguo director comercial de los Laboratorios homeopáticos de Francia.
- Doctor Cécile Dubost, miembro del Consejo de administration. Secretario general del C.H.F.
- Doctor Robert Dufilho (Oloron Sainte Marie).
- Doctor Gaetano Gagliardi (Roma), miembro fundador y antiguo presidente de la Liga homeopática internacional.
- Doctor Michel Guermonprez (Lille)
- Doctor Hensgens (Bruselas).
- Profesor Pierre Joannon, profesor de Historia de la Medicina de la Facultad de Medicina de París.
- Doctor Kopp (de Thann), fundador del Centro homeopático de Alsacia. Antiguo miembro del consejo de administration del C.H.F.
- Doctor Lavezzari, miembro del Consejo de administration del C.H.F. Presidente de la Sociedad francesa de osteopatía.
- Mr. Mattei, director general honorario en el Ministerio de trabajo. Antiguo consejero de Estado. Miembro del Consejo de administration del C.H.F.
- Doctor Dandolo Mattoli, presidente de honor de la L.H.I. Vicepresidente para Italia de la Liga homeopática internacional.
- Doctor Léa de Mattos, miembro del Consejo de administration. Secretario general del C.H.F.
- Profesor Antonio Negro (Rome), profesor en la Universidad de Roma. Fundador director de la Academia homeopática de Italia.
- Doctor Tomas Pablo Paschero (Buenos Aires). Presidentede la Asociación médica homeopática de Argentina.
- Doctor Pascal Piedallu.
- Doctor Maurice Prieur, antiguo presidente de la Sociedad oftalmológica de París. Vicepresidente del C.H.F.
- Doctor Roger Robert (Reims). Miembro del Consejo de administration del C.H.F.
- Doctor A. Runacher (Marsella).
- Doctor Proceso Sanchez Ortega (México)
- Doctor Henri Vannier, presidente de la Sociedad homeopática de Normandía.
- Doctor Pierre Vannier, presidente del C. H. F.
- Pr. Henri Villat, del Instituto. Antiguo presidente de la Academia de las Ciencias. Presidente de honor del Consejo de administration del C.H.F.
- M. Louis Watel-Dehaynin, miembro del Consejo de administration del C.H.F.
- Doctor Wilmot (Casablanca).
- Lise Wurmser, farmacéutico gerente de los Laboratorios homeopáticos de Francia.
Doctor Azam (Toulouse).
Los aspectos humanos de un maestro
Mi pesar más grande, por entero teñido de amarga tristeza, fue la imposibilidad de asistir a las exequias de mi venerado maestro León Vannier.
Hubiera querido afirmar incondicionalmente por última vez mi respetuoso afecto al lado de su ataúd.
Casualmente advertido de su muerte por un suelto de l’Aurore, fui informado más tarde de que “esto” estalló como un trueno en un cielo sereno, y comprendí el estupor paralizante de sus allegados ante este revés del destino, privando de su apoyo a la homografía francesa.
Afortunadamente, el profundo surco de luz trazado por el tío es ya reemprendido fielmente por el sobrino, el doctor Pierre Vannier, ayudado por los íntimos del maestro.
La obra pues será dignamente proseguida y tendremos siempre un faro para iluminarnos, defendernos y unirnos.
Agradezco a la nueva dirección el permitirme rendir homenaje al gran desaparecido.
Otros más cualificados volverán a trazar esta vida de trabajo, trabajo inmenso que desconcierta tanto por su volumen como por su diversidad, su calidad y su armoniosa unidad.
A la base y motivo central de la homeopatía, vienen a sumarse todas las claves suficientes para percibir, interpretar, descubrir al ser humano y, por lo tanto, todos medios de aliviarlo.
El simple enunciado de las obras, las conferencias, las comunicaciones ocuparía un catálogo entero, y esto sin hablar de los cursos, la correspondencia y de sus cuatro grandes creaciones: el Periódico, el Dispensario, la Sociedad, el Centro.
¡Añádanse a esto la clientela y qué clientela! Las recepciones, las meditaciones, las disertaciones. Si analizan bien, en detalle, quedarán desconcertados por el compendio concreto de esta labor ímproba.
He renunciado desde hace tiempo a explicarme este fenómeno de cómo un hombre en una vida demasiado corta ha podido ejecutar un trabajo tal, absolutamente notable, mientras que la simple observancia de su función oficial difícilmente hubiera sido soportada por otro, excluida cualquier otra actividad.
Luego sentí poco a poco, por simple analogía, que existen unos seres verdaderamente superiores que nos sobrepasan en todos los ámbitos. Me inclino y saludo.
El doctor Vannier era un ser superior. Él ha hecho lo que nosotros no hubiéramos podido hacer.
También voy a intentar explicar según mis posibilidades, por afecto, el aspecto humano de nuestro maestro.
Lo vi en consulta por primera vez en 1925, mientras una gruesa rodilla terebrante y supuestamente neisseriana, me había obligado a llevar bastón. Vacunas, autovacunas y otras golosinas me habían puesto en punto muerto.
Aunque de una histórica familia médica, absolutamente disgustado por la medicina y los especialistas, al azar, como último recurso y con toda la ignorancia, fui al homeópata. En la sobria consulta, la preparación de mi mesa fue completa y la receta, corta: Corrosivus 6, 2 gránulos tres veces al día fue todo.
Fue una revelación despiadada. Que aquéllos que han padecido los dos granos de café “mirándose por su cara cóncava” (alusión a Neisseria gonorrhoeae) y conservan una ligera humedad (flujo) no tomen nunca Corrosivus si no quieren caer de rodillas y luego de costado, eliminando entre lágrimas verdaderas cuchillas de afeitar.
Es atroz, un sufrimiento indescriptible nunca descrito que os arranca gritos, tembláis, os agita como una pluma movida por viento. Qué los jóvenes hagan la experiencia, sea en ellos, sea en un enfermo idóneo, y me darán noticia de ello. Esto es propio de Corrosivus.
Al cabo de dos semanas yo estaba destrozado y, no aguantando más, llamaba con fuerza a la puerta del maestro (a él esto no le gustaba) y, ante mi triste aspecto, una vez al corriente, lo vi hilarante, algo rarísimo en él. Me suprimió Corrosivus, que había hecho su efecto. Esto fue la gran curación homeopática pasando por los estados anteriores.
Pude reemprender el rugby y sobre todo, con toda mi gratidtud, fui inscrito en los cursos de la rentrèe. Si desmenuzara esta anécdota en todos sus detalles, podría añadir un capítulo a los escritos fraternales titulados Cómo me hice homeópata. Y, con la perspectiva del tiempo, compruebo que, sin embargo, había que ser tremendamente riguroso para descubrir Corrosivus. Yo nunca habría pensado en él.
Los cursos de León Vannier eran una delicia. De entrada, se notaba una atmósfera de fe, se creía que algo iba a calarnos, que iba a cambiar por completo nuestra manera de comprender al enfermo, que nos haría ver a través de él. Éramos todos doctorandos o casi, nuestro objetivo era siempre el diagnóstico verdadero o falso, pero no era lo dominante, la gran dificultad era encontrar el remedio que iba a curar, hacer el diagnóstico medicamentoso que cubriría al enfermo.
Y, sin embargo, no estudiábamos sino la Materia médica, nuestro maestro lo exigía pretendiendo con cabal discernimiento que en ella estriba la dificultad de nuestra terapéutica. Aprendíamos los remedios unos tras otros. Pero sus patogenesias son tales obras maestras que, penetrando sus arcanos, nos dábamos cuenta de todos los meandros que puede recorrer el dolor, incluso en una sola enfermedad.
Desbrozábamos, por así decir, la afección crónica, poníamos el nombre en la etiqueta, luego la raspábamos y encontrábamos por fin al enfermo. ¡Ah! Estos remedios experimentados únicamente en el hombre por el hombre mismo, ¡qué verdad, qué maravilla! He aquí lo que nos enseñaba nuestro maestro.
Todas las semanas llegábamos a la calle Lisboa e íbamos a saludar a Mme. Vannier, que efectuaba un amistoso control.
Una mesa inmensa con tapete verde nos acogía, podíamos caber allí una veintena y a las 20,30 en punto el maestro nos daba su lección, seguida de un debate. El trabajo no acababa allí. Los veteranos de la clase, benevolentement reunían por turno a los entusiastas y cada uno preparábamos, a modo de preguntas de internado, uno o varios remedios dos veces por semana.
Durante dos años yo tuve la buena suerte de poder seguir asiduamente los cursos. Nunca había trabajado tanto, mi padre me trataba de charlatán, pero me dio más tarde la dulce e íntima satisfacción de verla servirse de la homeopatía.
Me callo las múltiples recepciones en La Jonchère, espléndida estancia campesina donde el doctor León Vannier se ocupaba de cada uno de nosotros en particular, después de habernos invitado a un exquisito menú, abundantemente regado con los vinos de Anjou, de los que estaba tan orgulloso.
En vísperas de mi salida, me dijo: “trate de crear un movimiento homoeopático en Argelia. Haga todo lo que pueda. Al principio estará usted solo, pero usted tiene un precursor célebre: Espanet, el trapense”.
A propósito de esto, si he podido procurarme la Materia médica del Doctor Espanet, nunca pude encontrar sus otras obras de sugestivos títulos:
El testamento de un médico.
Los farmacéuticos ante la homeopatía.
Los médicos de la escuela oficial ante la homeopatía.
Carta a los homeópatas de Francia (20 páginas).
Se los señalo a los investigadores.
Mi maestro mantenía relaciones contínuas con sus discípulos. A menudo me ha aconsejado en casos difíciles e incluso hemos tenido discusiones, sobre todo por un caso de Kala Azar, que me obsesionaba. He aquí un resumen del intercambio de correspondencia:
- Tengo un caso de Kala Azar cuyo bazo toca el pubis, cubre todo el hipocondrio izquierdo y alcanza también al hígado hipertrofiado. Para mi asombro, el iris no revela nada en el sector del bazo.
Respuesta:
- Hay algo.
- No, no hay nada.
- Sí, usted debe encontrar una mancha.
- Lo veo bien, soy buen oteador, no veo nada ni siquiera con su lupa.
- Busque bien.
- La total ausencia de trama en el iris significa para mí un buen pronóstico. Es posible que la enfermedad cure.
- Esperémoslo
Treinta años han pasado desde la discusión. El enfermo todavía vive, el bazo está normal pero un punto oscuro marca la antigua afección en el medio del sector, como por el paludismo o ciertas tifoideas.
Cuando pasó algún tiempo de esto, recibí la Materia médica Vannier-Poirier, con una dedicatoria manuscrita que me emocionó.
Éstas son atenciones que no se olvidan.
A lo largo de mi prolongada estancia en Argelia (más de treinta años), estuve en contacto con el maestro, siempre me animó y cuando lo puse al tanto, en términos claros, de los acontecimientos de Argelia, me dijo: “no me atrevo creerle”.
Más de una vez, tuvo algunas palabras afectuosas para los colegas argelinos en sus artículos.
He seguido con alegría la realización de todos sus anhelos, de todos sus tenaces esfuerzos y he conocido la inmensa mayoría de sus penas.
Algunos de entre sus mejores discípulos se apartaron de su círculo por cuestiones que desconozco. Me confió que esto le afectó severamente en lo más íntimo, y yo lo vi también reflejado en su salud.
De minimis no curat praetor… Él apreciaba particularmente a Alfred De Vigny: “solo, el silencio es grande”.
Reflexionando desde hacía tiempo, había hecho un balance sobre León Vannier. Indiscutiblemente este superhombre ha trabajado para nosotros no sólo en el presente, sino en el transcurso del tiempo.
Él nos ha instruido y se puede decir que, por la claridad, el vigor, la diversidad y la profundidad de su enseñanza, era un catedrático de pedagogía, si tal ocupación existiese.
Fue bueno y generoso ya que nos dio sin cuento: en su casa, en sus obras, en sus cartas, en su periódico, en sus Congresos.
Él nos ha dado su verdadero ser, ya que, agobiado por sus duros trabajos y sus pacientes, muchas veces encontraba aún el medio de sacrificar unas horas tomadas normalmente de su descanso nocturno, que tanto necesitaba.
Todos sus discípulos sin excepción tuvieron puestos más que honorables. Y pienso que todo esto nos fue legado sin un reproche, sin un susurro, con una grandeza de espíritu, que no sólo era igual a su desinterés total.
Porque si se reflexiona bien, esto fue un incesante don puramente gratuito, nunca la sombra de un sestercio nos fue pedida. Y concluyo que de entre todos los reconocimientos debidos al jefe, hay por lo menos uno, que nadie puede rechazar, es el reconocimiento de su audacia.
Pero León Vannier no nos ha asegurado más que el presente, es sobre todo en el futuro cuando quiere que trabajemos. Éste es el mensaje que nos transmite. Lean esto bien:
“A todos mis colaboradores y amigos, a todos mis colegas del Centro homeopático de Francia, que constituyen para mí una verdadera familia, a la que estoy profundamente unido, dedico esta
Medecina homeopática humana, testimonio de largos y pacientes esfuerzos, efectuados para desarrollar un espíritu nuevo en nuestra Patria”.
Cordialmente para ustedes. Ustedes pueden leer, releer y asimilar aproximadamente trescientas páginas del volumen, no obtendrán sino provecho.
Medecina homeopática humana (edición Albin Michel) es la joya, la obra maestra de nuestro maestro.
Cuarenta años de puro jugo cerebral, la quintaesencia ofrecida en bandeja. Pero atención, el enigmático sentido que les importa no les será revelado a primera vista.
Cuando me permití felicitar al maestro, diciéndole con entusiasmo cuánto me había cautivado y fascinado su libro, que era una obra maestra, su obra maestra, me respondió:
“Todavía no sé cómo escribí este libro. Lo hice terminando todo el trabajo de un golpe”.
En mi humilde opinión, este tratado debe ser el libro de cabecera de todos los homeópatas. Es más que instructivo, indispensable para nuestra doctrina, útil y muy audaz. Encontrarán allí nuestra verdadera tradición médica, el arte y la manera de curar, de examinar a un enfermo, de leer en él interpretando las huellas de la señora Psora, Sífilis u otros. Encontrarán allí su ayuda y sus armas.
¡Estamos en plena revolución o evolución como ustedes se darán cuentan; asistimos cada vez más a la negación del individuo. Nos hacemos, cada vez más, seres organizados en una colectividad disciplinada, pero no pensante. Y esta progresión “que no es progreso”, el maestro la juzga irreversible.
No podemos oponernos a eso bajo pena de destrucción. La magnitud, la insuficiencia y el servilismo de la medicina contemporánea, bajo la tiranía de los financieros… ¿Mientras, qué hacer?
Compren y lean, lean este libro y háganlo leer. Al mismo tiempo que escribo estas líneas, voy comprendiendo cada vez más la pérdida inmensa que hemos sufrido y de la que apenas nos damos cuenta. Estoy rodeado de una grisalla espesa, como una aflicción profunda que me invade y me oprime, los párpados empañados, a punto de llorar, ¡oh mi maestro!…
Adiós.
(Actualización, 1999: el doctor Azam era muy conocido en Argel, incluso había creado una sociedad argelina de homeopatía y con este hecho había cumplido la obra que su maestro le había encomendado.
Nada de lo que dice sobre León Vannier es exagerado, porque, siendo yo un joven médico homeópata instalado desde hacía poco en Argel, fue el doctor León Vannier quien me informó de que se había perdido Argelia y que había que volver a Francia a reunirse con el doctor Dufilho.
En efecto, el doctor León Vannier tenía entre sus pacientes a personalidades que se encontraban a la cabeza del estado…).
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