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BIOGRAFÍA DE BOENNINGHAUSEN

Posted: Septiembre 18th, 2011 | Author: | Filed under: Biografías, Historia | No Comments »

Fuente: Dr. Séror http://www.homeoint.org/seror/biograph/boenning.htm

Vida del barón Clemens Maria Franz Carl Von Boenninghausen.


Esta biografía fue escrita en 1969.

Esto no es más que una biografía, encontrarán el análisis de su doctrina y pensamiento en el dossier “Articles”, de mi página web.

Lo actualizo de nuevo en 1999 con la ayuda de nociones nuevas.

En lo que se refiere a las ilustraciones, las encontrarán en la fototeca.

Tengan en cuenta que no pongo “doctor”, porque CMF B. no era médico; ésta es una de las razones por las que produjo una obra homeopática original y poco común.

Lo que hace falta comprender es que CMF B. se dirige al genio del remedio y no al síntoma, es totalmente diferente.

Aquí abordamos lo que fue la vida de Boenninghausen, ese gran homeópata tan desconocido en Francia, sobre todo desde el punto de vista práctico.

La vida de un hombre está siempre íntimamente unida a su obra, y no se puede estudiar la una sin la otra.

Después volveremos a la obra de Boenninghausen, sobre todo al análisis de su pensamiento y de su obra fundamental, que es su repertorio de bolsillo (Therapeutic pocket book).

En efecto, cuando se tiene un poco de perspectiva sobre el estudio analítico de la historia de nuestra disciplina, nos damos cuenta de que en materia repertorial, se desarrollan dos grandes corrientes hasta nuestros días: la de Boenninghausen, que encuentra su continuación en Boger y Roberts, pero cuyos métodos aparentemente semejantes son profundamente diferentes, sobre todo en Boger; y la 2ª corriente, la de Adolph Lippe (que por otra parte fue un gran amigo de Boenninghausen), y que encuentra su plenitud en Kent y sus alumnos.

Compararemos estas dos corrientes, y veremos que en realidad, lejos de oponerse, son muy al contrario extramadamente complementarias la una de la otra.

Para escribir esta síntesis en lo que concierne a la vida de Boenninghausen han sido utilizadas las dos siguientes fuentes seguras:

Doctor Richard Haelh: Samuel H. Su vida y su obra (S. H. his life, and work). Homoeopathic publishing company. Vol. 1 y 2.

Doctor H. A. Roberts y Annie C. Wilson: Principios de utilización práctica del repertorio de Boenninghausen (The Principles and Practicability of Boenninghausen’s Therapeutic Pocket book). 1ª edición india. Salzer et Co. Edit., Calcuta.

Nace el 12 de marzo de 1785 en la provincia holandesa de Overijssel, en Herinckhave.

1797. 12 años.

Escuela primaria de Münster, en Westfalia.

1803. 18 años.

Universidad de Groninga.

1803-1806. (18-21 años)

  1. Estudios de derecho.
  2. Lecturas importantes y continuas tanto sobre ciencias naturales como de medicina.

30 de agosto de 1806. 21 años.

Doctor en derecho.

1 de octubre de 1806. 21 años.

Profesa la abogacía en Deventer.

1810. (25 años)

Se dedica a la agricultura y a la botánica.

1812. (27 años)

Matrimonio.

1814. (29 años)

  1. Se instala en Darup, en Westfalia.
  2. Funda varias sociedades de agricultura.
  3. Estudia agricultura y botánica.

1816-1822.  (31-37 años)

Consejero regional de Coesfeld.

1822. 37 años.

  1. Comisario general del plano de las provincias de Renania y Westfalia.
  2. Numerosos viajes debidos a su cargo.
  3. Cuidadoso estudio de la flora indígena.

1824. (39 años)

  1. Publica una obra en la que muestra la similitud existente entre la flora de Renania, de Westfalia, y la de Inglaterra.
  2. Es nombrado director de los Jardines Botánicos de Münster.
  3. Contactos directos o epistolares con la mayor parte de los más eminentes botánicos europeos.

1827. (42 años)

Tuberculosis supurativa.

1828. (43 años)

Se debilita su estado de salud.

Es condenado por la vieja escuela.

1828. (43 años)

Escribe al doctor August Weihe, médico del Hospital “Herford”, con quien tenía desde hacía mucho tiempo una correspondencia botánica, sin saber que este médico era discípulo de Hahnemann.

Weihe le responde a vuelta de correo pidiéndole que le exponga su caso de una manera detallada.

En respuesta a la carta de Boenninghausen, Weihe le envía Pulsatilla, así como unas medidas higiénicas muy estrictas.

Se produce el milagro; Boenninghausen, condenado por la alopatía, se cura y a partir de esta fecha se acerca a la homeopatía.

El doctor August Weihe, el botánico y el homeópata, fue el abuelo del doctor August Weihe, que descubrió lo que se denomina hoy en día los “puntos de Weihe”.

Este parentesco me lo señaló la señora Valérie Dayraud, presidente de Homéopathe International, y se lo agradezco.

Hago aquí una corta digresión para citar a aquél que sirve de referencia en Francia respecto a esta disciplina, se trata del doctor Jean Daniaud, médico homeópata, acupuntor pero también autor de una obra sobre los puntos de Weihe, que se titula: Los puntos de Weihe (los puntos dolorosos cutáneos relacionados con la sintomatología homeopática y su utilización diagnóstica o terapéutica). Editorial Doin, 1957, un opúsculo in-8 de 57 páginas.

Cito aquí la introducción:

“Lamentamos no haber podido, a propósito de este estudio, remontarnos a las mismas fuentes: el folleto publicado por Goerhung, alumno de Weihe, sobre los trabajos de su maestro, es bastante difícil de encontrar (el Dr. De La Fuÿe nos declaró que poseía un ejemplar y nos propuso amablemente que lo leyéramos). (N. del autor.)

Para la localización de los puntos tuvimos pues que remitirnos a los documentos y esquemas de los médicos que han estudiado más esta cuestión, sobre todo los doctores De La Fuÿe, Dano y Rouy.

La bibliografía comprende sobre todo las obras y publicaciones de los doctores Ferreyrolles, De La Fuÿe, Chiron, Bonnet-Lemaire, Rouy, Fortier-Bernoville y Voisin.

El valor de muchos de estos puntos es discutido y discutible.

Un trabajo de control no es, en efecto, posible más que a largo plazo, y aún así tendría que hacerlo un equipo numeroso y bien entrenado.

Un simple cálculo aritmético nos mostrará su dificultad, si debemos tener en cuenta el porcentaje de enfermos que presentan puntos de Weihe, el número de estos puntos; la interpretación clínica de los resultados, la asiduidad regular de los pacientes.

Además esta monografía será mucho más un informe que otra cosa, consistiendo el interés que puede presentar sobre todo en intentar situar el problema y hacer balance.

En Alemania, en el siglo XIX, un médico homeópata, Weihe, encontró, por un examen sistemáticamente minucioso de sus enfermos, una correlación constante entre ciertos síntomas (cuyo conjunto evocaba un remedio homeopático) y la aparición de un dolor provocado, rara vez espontáneo, en ciertos puntos muy precisos del revestimiento cutáneo.

Estos estudios fueron continuados por su alumno Goerhung que publicó una corta monografía, luego, por Nebel en Suiza.

Chiron cuenta cómo asistió a la introducción del método en Francia.

Una mañana de 1904, Nebel acompañaba a Pierre Jousset en su visita a los enfermos cuando este último, a propósito de un urémico con el corazón débil, preguntó la opinión del homeópata de Lausana.

Éste examina al enfermo, ejerce presión especialmente con el índice en la parte lateral del tórax, provocando así, a este nivel, un dolor sentido vivamente por el paciente: recomienda inmediatamente Causticum; la administración del remedio hace desaparecer desde el día siguiente la agitación, la disnea y la oliguria.

Este nuevo procedimiento de diagnóstico apasiona.

El mundo homeopático francés se pone a trabajar; citemos en particular a Chiron, Ferreyrolles quienes colaboran con Soulié De Morant, que hace ya una comparación con los puntos chinos.

Rouy, Fortier Bernoville, Bonnet-Lemaire, Dano, Voisin, De La Fuÿe ven la confirmación de la correspondencia organotrópica y sintomatológica constatada entre los puntos chinos y los remedios homeopáticos (Homéosiniatrie, 1934).

Había en efecto, ese algo notable de que el método descubierto por el autor alemán confirmaba extrañamente, aun cuando lo ignoraba todo (ciertas alegaciones pretenden sin embargo que un hermano de Weihe habría sido misionero de la Compañía de Jesús en China), esta ciencia, introducida en Francia por el capitán Dabry en 1863, que los acupuntores de Extremo Oriente practican desde hace unos cincuenta siglos.

(Abramos aquí un paréntesis para señalar que otros métodos de punción existen también en otros sitios muy diversos: los esquimales utilizan unas agujas de marfil de morsa, ciertos negros de África unas agujas de vegetales espinosos.)

Weihe había observado pues que ciertos signos clínicos cuyo conjunto correspondía a un medicamento homeopático iban acompañados a menudo por la aparición de un punto doloroso a la exploración, siempre situado en el mismo sitio para el mismo grupo de síntomas.

Este punto cubre una superficie muy pequeña, la de la pulpa de un dedo, y debe ponerse en evidencia dando golpecitos.

Lo mejor para no equivocarse es dar golpecitos en el sitio presumido del punto yendo desde el exterior hacia él siguiendo radios diferentes.

Más de ciento cincuenta puntos así precisados se sitúan en la cabeza, el tronco, excluyendo los miembros.

El homeópata alemán procedió (no sé para cuántos) a una contraexperiencia: una persona normal, en buena salud, absorbe por ejemplo Cactus en dosis homeopáticas regularmente repetidas; al cabo de cierto tiempo, este sujeto presentará un punto doloroso provocado en el mismo sitio en el que lo habría sentido un enfermo que precisara la prescripción de este mismo remedio (Cactus).

Intento de interpretación del mecanismo de este dolor provocado.

La reflexoterapia profunda aún no nos ha revelado todos sus secretos.

Head, Dejerine y Guillaume han demostrado experimentalmente que los diferentes órganos viscerales estaban relacionados con ciertas zonas cutáneas que podían volverse dolorosas en las afecciones de estos órganos = expresión cutánea de la enfermedad visceral que Abrahams había llamado Endogenetic Skin Reflexe.

Dos teorías (Dr. André Lichtwitz: Las algias viscerales. – A. Legrand, édit.) intentan explicar la proyección cutánea de los dolores viscerales, siendo estos órganos, como sabemos, absolutamente insensibles por sí mismos.

La de Lennander parece convenir particularmente a los órganos plenos: hígado, bazo, riñones, donde el dolor se transmitiría por excitación de la serosa perivisceral. (Hay que señalar que los dolores viscerales se sienten tanto más cuanto que el asiento de la lesión está más cercano a la periferia del órgano.)

Esta serosa muy rica en redes nerviosas sensoriales está sometida a incitaciones intermitentes (presiones, tracciones, torsiones), o sea a incitaciones continuas: linfangitis cuya acción es a la vez mecánica (haciendo más importantes los contactos víscera-serosa) y química (irritación).

Dada la riqueza de estos tejidos en vasos, Lennander se preguntaba si no son las redes nerviosas cerebroespinales de estos últimos las que transmiten la sensibilidad.

El estímulo nervioso sería así conducido a uno de los numerosos centros de reflexión posible de donde sería proyectado al territorio cutáneo. (Muy poco sensitivos, los nervios vegetativos de los vasos podrían desempeñar también un pequeño papel; pero el reflejo sigue siendo esencialmente de naturaleza cerebroespinal.)

La segunda teoría, que nos proponen Ross, Head y Mackensie, teoría del dolor transmitido, parece en cambio convenir mejor a los órganos huecos. Dedujeron de sus estudios que:

a) La parte dolorosa cutánea está desplazada con respecto a la proyección de las vísceras sobre la piel.

b) Que este dolor va acompañado, en ciertos casos, de contractura y de hiperestesia.

c) Los dermatomas (partes cutáneas dolorosas) tienen una topografía radicular.

Este último estudio fue sobre todo obra de Head. Para él, la existencia de estos dermatomas estaba vinculada al compromiso de un determinado nivel medular y no de una raíz, a pesar de la semejanza de una parte con la erupción zosteriana (de origen ganglionar y radicular) y por otra parte, con las zonas radiculares de Scherrington.

Mackensie explica este reflejo viscero-sensitivo por la existencia sucesivamente de un trayecto aferente de la víscera a la médula simpática y de una segunda vía aferente de la médula a la corteza cerebral.

El mecanismo que permite a la piel percibir las incitaciones es menos preciso: probablemente hay analogía con las algias tabéticas cuya lesión es radicular o con los dolores de los miembros fantasmas; quizás es por automatismo mental, correspondiendo la excitación de un segmento medular generalmente con una irritación cutánea. Eso se comprende para los dolores espontáneos.

Pero ¿es válido para los dolores buscados?

¿Sólo hay entre ellos una cuestión de grado?

En cuanto al estímulo desencadenante que ha podido estremecer el simpático, su papel ha sido imputado al espasmo, y sobre todo a sus dos consecuencias: la distensión y la isquemia.

De La Fuÿe nos propuso una teoría, eléctrica, en una reciente comunicación, que exponemos aquí fielmente, según creo: El influjo nervioso de origen eléctrico (Kühlemkampf et Lairy) se transmite por el simpático (para y orto).

En estas fibras nerviosas existen unas neurofibrillas, conductores variables bajo la influencia de las diferencias de potencial de los tejidos nerviosos (Scheidt).

La sangre, por su parte, acusa una constante dieléctrica superior a la de las paredes capilares y se carga positivamente con respecto a ésta, produciendo así unas fuerzas electromotrices en la circulación.

Esta carga eléctrica positiva crearía enfrente de los capilares de la dermis una carga negativa, de donde una reacción cutánea.

A los mecanismos estrictamente de transmisión nerviosa de marcha del influjo, es preciso añadir la acción de la calcemia, de ciertas secreciones endocrinas, del valor de los mediadores químicos, el estado del sistema nervioso, y por eso tendríamos que considerar las reacciones interviscerales, la susceptibilidad medular, el comportamiento talámico, la excitabilidad medular, en una palabra, el temperamento del sujeto.”

En cuanto al diagnóstico concerniente a la tuberculosis de Boenninghausen, el profesor Denis Demarque pone en tela de juicio el diagnóstico; pienso que tiene razón y que se trataba de una broncopatía crónica.

En esa época, los diagnósticos no tenían la precisión de los que se hacen en la actualidad.

Por otra parte, es uno de los motivos por los que un homeópata debe ser ante todo un buen médico general.

Así pues, después de su curación, Boenninghausen intenta difundir la homeopatía en Münster, sin ningún éxito.

Entabla una correspondencia regular con Hahnemann, que proseguirá hasta su muerte, y por supuesto estudia muy minuciosamente las obras de Hahnemann.

Se entrega a experimentaciones de remedios, sus conocimientos superiores de botánica le facilitan enormemente la tarea.

Adquiere una gran reputación como homeópata, y muchos son los colegas franceses, americanos, holandeses, que se desplazan para verlo.

Se pone pues a tratar a los enfermos, a pesar de no ser doctor en medicina, pero estudia para ello.

Se dedica sobre todo a un trabajo de literatura homeopática.

11 de julio de 1843.

El rey Federico Guillermo IV le autoriza a practicar la medicina sin título.

A partir de esta fecha Boenninghausen es absorbido por una clientela enorme, y por eso su producción literaria disminuye.

1848.

Reúne todos los años a partir de esta fecha, en forma de congreso, a los homeópatas de Renania y de Westfalia.

1 de marzo de 1854

La Universidad Homeopática de Cleveland (U.S.A.) lo nombra Doctor en Medicina honoris causa.

20 de abril de 1861.

El emperador Napoleón Napoléon III lo nombra Caballero de la Legión de Honor.

En 1855, lo llevaron para que tratara a la emperatriz Eugenia.

26 de enero de 1864.

Muere a los 79 años.

Tuvo siete hijos, dos de los cuales fueron homeópatas.

Karl, nacido en 1826.

Se casa con la hija adoptiva de la viuda de Hahnemann.

Se instala en París donde practica la homeopatía en colaboración con su suegra.

Muere el 13 de julio de 1902, había perdido a su mujer el 7 de febrero de 1899.

Friedrich. Nacido el 14 de abril de 1828.

Estudia primero derecho.

Pero influenciado por las maravillosas curaciones obtenidas por su padre, y en primer lugar sobre la suya, se decide por la homeopatía.

En efecto, Friedrich había perdido completamente la vista, y permaneció ciego dos años.

Gracias a los sabios cuidados de su padre, la recobró, y muy viejo podía leer una letra muy pequeña sin gafas.

Se instala en 1859 en Münster donde ayuda a su padre, luego, sigue ejerciendo allí durante cincuenta años.

Muere el 6 de agosto de 1910, a los 83 años.



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