CITAS SOBRE HOMEOPATÍA
Posted: Agosto 22nd, 2011 | Author: Matilde Rubin | Filed under: Miscelánea | 3 Comments »Entre mis variadas lecturas veraniegas me he tropezado con dos citas sobre homeopatía que no quería dejar de compartir con todos los que visitan el blog.
La primera está tomada de Los pilotos de altura de Pío Baroja (1931).
“Para Chimista, la crocodílea era una maula; en cambio, ya le parecía algo más plausible que la orina del asno sanara las desolladuras hechas por el calzado, y que las glándulas de oso sirvieran para la gota coral.
Nos dijo que también se empleaba para la misma gota el cerebro del asno, en aguamiel, ahumado primero, puesto en unas hojas, tomando cada día media onza o bebiendo la ceniza de las uñas del jumento por todo un mes, cada día dos coclearios.
Para la ictericia nos cantó las excelencias de la ceniza de cuerno de ciervo, mezclada con la orina de un borriquillo de teta, mezclada con nardo.
-Hay que estudiar, sobre todo, los casos -decía una vez-. ¡Cómo voy a dar yo la misma medicina a la niña pálida, llorosa y rubia, y al marinero rojo, moreno y pletórico! No. Al uno quizá le dé el sulfur; a la otra le recomendaría la polígala en glóbulos, la pulsátila o la pasiflora; quizá ni eso: le diré que lleve sobre el corazón una rama de artemisa.
Todas estas recomendaciones y citas nos las decía Chimista con una seriedad irónica.”
Y la segunda de La prueba del laberinto de Fernando Sánchez Dragó (1992).
“Las Iglesias, como las mil liturgias que nacen de ellas y que simultáneamente les sirven de justificación, son simples falsillas, ronzales, tacatacas, puntos de apoyo, ungüentos, elixires vagamente homeopáticos y marcapasos útiles, e incluso terapéuticos, para el común de los mortales, simbólicamente representados por los pastores de Belén y por los famosos y sufridos carboneros de fe ciega.”
Ahí quedan por si alguien se siente inspirado.
Gacias por las referencias, Mati. Imagino que conoces el post Homeopatía y literatura, en este mismo blog y has comprobado que no tenía esas citas. Si alguno de los lectores de este blog encuentra más referencias a la homeopatía en cualquier texto literario, le agradecería que las compartiese.
De nada. Conozco el post Homeopatía y literatura, pero cuando puse las citas no se me pasó por la imaginación, simplemente lo había olvidado, por lo que me he puesto a leerlo de nuevo y ha sido un placer. La cita de “Las inquietudes de Shanti Andía”, la del Hombre del Gallo (Hahnemann) que pertenece a la misma trilogía que la primera de estas dos es divertidísima. Me ha hecho buscar en alemán y también podría ser el Hombre del Grifo o del Martillo. A ver si se decantan los expertos en alemán.
Aprovecho también para poner la referencia completa de estas dos citas:
1) Pío Baroja, “Los pilotos de altura”. Editorial Planeta. Barcelona, 1969, pág. 273.
2) Fernando Sánchez Dragó, “La prueba del laberinto”. Editorial Planeta. Barcelona, 1992, pág. 49.
Aunque parezca mentira acabo de encontrar otra cita en el último libro que ha caído en mis manos. Se trata de “Santos varones” de Luis Sánchez Polack “Tip” (Editorial Espasa Calpe. 9ª edición. Madrid, 1995). A mí me ha hecho reír y si alguien más se ríe con esto lo doy por bien puesto. Bueno, más que una cita es el santo varón de la página 132 que se llama Mauricio Mollatajes Ussía Pineda González Castrillo Mingote y Coll Sánchez del Olmo.
« Santo varón aquel hombre al que, si bien era de una familia potentada por los cuatro costados, él sin embargo lo dejó todo para hacerse millonario. Era normal, como todo el mundo: Tenía tres muslos, siete cuellos a cada lado de las orejas; normal, tenía un vientre que para sí lo quisiera Jesús Gil y Gil, ¡qué vientre!, el ombligo no lo tenía en las corvas, él lo tenía, como la gente humilde, debajo de la capa de Luis Candelas, mi corazón amante vuela que vuela.
En el barrio le conocían por “el Vademécum”. Una de sus virtudes era el colesterol, por no mencionar otras tales como la taxidermia, el exportivismo, las mudanzas y el transporte en general. Su dogma: la homeopatía, pero sobre todo, la aerofagía. Vademécum, ¡y sobre todo el vademécum!, eso no se lo quitaría nadie, y eso fue lo que le perdió. Un día llegó a las Cortes, subió al estrado y dijo: “¡Vademécum!” Y salió una voz del tendido del ocho y dijo: “¡Vademécum lo será tu padre!” Y allí se acabó todo, se rasgó las vestiduras y se quedó con las partes pudendas al aire, y aún repetía: “¡Vademécum!”, y todo un coro contestaba: “¡Vademécum!, ¡vademécum…!” Santo varón, santo varón, era un santo varón. »