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BIOGRAFÍA DEL DR. CHRISTOPH WILHEM HUFELAND

Posted: Mayo 23rd, 2011 | Author: | Filed under: Biografías, Historia | No Comments »

Fuente: Dr. Séror http://www.homeoint.org/seror/biograph/hufeland.htm

Biografía cronológica del profesor Christoph Wilhem Hufeland, gran amigo del doctor Samuel Hahnemann. (1762-1836)

Es importante conocer la biografía de Hufeland, porque aunque fuera alópata, se mostró muy tolerante con Hahnemann y le abrió las columnas de su revista alopática Diario de medicina práctica.

He dividido este artículo en 3 partes:

1. Biografía cronológica.

2. Los trabajos que S.H. publicó en el Diario de Hufeland.

3. Los 23 aforismos de Hufeland traducidos al francés por el Dr. Pierre Schmidt.

1. Biografía cronológica.

1762: Nacimiento en Langensalza (Turingia).

1783 (21 años)

Doctor en medicina, después de una carrera brillante en Jena y Gotinga.

1785 (23 años)

Publicación: Tratado de la enfermedad escrofulosa (Über die Ursachen der Skrofelkraukheit).

1789 (27 años)

Aviso a las madres sobre la educación física de los niños de la primera edad.

1791 (29 años)

Sobre la incertidumbre de los signos de la muerte y sobre el único medio de convencerse de su realidad.

1793 (31 años)

Profesor en Jena.

1794 (32 años)

Disertaciones populares sobre la salud.

1795 (33 años)

Ideas sobre la patogenia (1 volumen in 8).

1796 (34 años)

Macrobiótica o el arte de prolongar la vida del hombre (1 volumen in 8). Traducido a varias lenguas europeas, inmenso éxito, varias ediciones. (Makrobiotik.)

Publica en su Diario un artículo de S.H.: Ensayo sobre un nuevo principio para descubrir las virtudes curativas de las sustancias medicinales, teniendo en cuenta los principios admitidos hasta el momento.

1798 (36 años)

Director del Colegio médico del Hospital de la Caridad en Berlín.

1800 (38 años)

Heilkunde.

1803 (41 años)

El sueño y los dormitorios.

1806 (44 años)

Publicación de un artículo de Samuel Hahnemann: Indicaciones sobre el empleo homeopático de las medicinas en la práctica ordinaria.

1809 (47 años)

Médico particular del rey de Prusia.

Miembro de la Academia de las Ciencias.

Cátedra de patología de la Universidad de Berlín.

1814 (52 años)

Sobre la peste provocada por la guerra en los tiempos antiguos y modernos (1 volumen in 8).

1821 (59 años)

Traducción francesa del Tratado de la enfermedad escrofulosa por Bousquet.

De 1822 a 1834 (de 60 a 72 años)

Opúsculos de medicina (5 volúmenes in 8).

1824 (62 años)

Traducción francesa de la Macrobiótica, por el doctor Jourdan, médico homeópata, miembro de la Academia Real de Medicina y alumno francés de Samuel Hahnemann.

1836 (74 años)

Enchiridion medicum.

Fallecido en Berlín.

Fundador del Diario de medicina práctica del que siguió siendo redactor jefe.

Ejerce en Weimar.

Médico de Goethe y de Schiller.

2. Trabajos que Samuel Hahnemann publicó en el diario de Hufeland.

N° 53

Año: 1796

Edad: 41 años

T/C: Creación

Tipo: Artículo

Título: Ensayo sobre un nuevo principio para descubrir las virtudes curativas de las sustancias medicinales, teniendo en cuenta los principios admitidos hasta el momento.

Número de páginas: 144

Editor: Hufeland

Lengua: Alemán

Categoría: Medicina & Homeopatía

Notas: Diario de Hufeland, II, 3 y 4, 391-439 y 465-561. Traducido en Etudes de Médecine Homéopathique, París, 1850, o 2ª serie, 1855, 10-107.

Este ensayo ha sido traducido de nuevo al francés bajo la dirección de Corine Mure, agregada cultural de Boiron; referencia: Aux Origines de l’Homéopathie, Editions Boiron, 1998, 1 obra ilustrada de 150 páginas.

En 1796, el nuevo método se materializaba: es la fecha de nacimiento de la homeopatía.

Hahnemann publica el resultado de sus trabajos en el Diario de medicina práctica, dirigido por su amigo Hufeland: Ensayo sobre un nuevo principio para descubrir las virtudes curativas de las sustancias medicinales, teniendo en cuenta los principios admitidos hasta el momento.

Expone así los principios fundamentales de su método: (…) “La gran mayoría de los medicamentos producen un doble efecto: un efecto directo y un efecto secundario, opuesto al primero”.

Hahnemann insiste sobre el hecho de que el efecto directo es siempre paliativo.

Tolera su uso en las enfermedades crónicas, pero es peligroso y perjudicial en las afecciones crónicas. Éstas no serán mejoradas más que oponiéndoles el efecto secundario del remedio.

El pensamiento de Hahnemann puede traducirse así: el primer efecto excita, el segundo efecto dura.

(…) “Para descubrir las verdaderas propiedades medicinales de una sustancia en las afecciones crónicas, debemos centrar la atención en la enfermedad artificial particular que ‘provoca habitualmente en el organismo, con el fin de’ adaptarla a un estado patológico muy análogo que es importante eliminar.”

“Para curar radicalmente ciertas afecciones crónicas, debemos buscar remedios que provoquen habitualmente en el organismo humano una enfermedad análoga… La milenrama, en dosis moderada, es de uso excelente contra las hemorragias crónicas, mientras que empleada en dosis más elevadas, es capaz de provocarlas…

”No hay nada sorprendente en que la valeriana en dosis débiles cure las afecciones que provienen de una irritabilidad demasiado grande, puesto que en fuertes dosis exalta en alto grado la irritabilidad del cuerpo…

”El café, fuente de insomnio, engendra el sueño si es absorbido en pequeñas dosis…”

N° 55

Año: 1797

Edad: 42 años

T/C: Creación

Tipo: Artículo

Título: ¿Son insuperables los obstáculos de la certeza y simplicidad de la medicina práctica?

Número de páginas: 35

Editor: Hufeland

Lengua: Alemán

Categoría: Medicina

Notas: Diario de Hufeland, IV, 4, 727-762. Traducido en el Órganon, 3ª ed. francesa, 1845, 528-546 & en Etudes de Médecine Homéopathique, 1ª serie, 1855, 505-522.

N° 57

Año: 1797

Edad: 42 años

T/C: Creación

Tipo: Artículo

Título: Una observación de dolor abdominal curado súbitamente.

Número de páginas: 9

Editor: Hufeland

Lengua: Alemán

Categoría: Medicina

Notas: Diario de Hufeland, III, 1, 138-147.

N° 83

Año: 1808

Edad: 53 años

T/C: Creación

Tipo: Artículo

Título: Extracto de una carta a un médico de alto rango sobre la gran necesidad de una regeneración en medicina.

Lengua: Alemán

Categoría: Medicina

Notas: Esta carta de 8 páginas fue dirigida al profesor Hufeland y publicada en 1808. Hahnemann tiene 53 años. El texto fue publicado en alemán en la revista del profesor Hufeland, luego traducido al francés por el doctor A. Jourdan, miembro de la Academia de Medicina y médico homeópata en París.

En esta carta, Samuel F. C. Hahnemann (SFCH), se dirige a unos colegas alópatas, expone cómo descubrió el método de los semejantes, invita a sus colegas, no a creer, sino a experimentar y a continuación a juzgar.

Nos explica con detalle cómo descubrió lo que llama el “método curativo o radical” (Similia similibus curentur) oponiéndolo a la práctica ciega, no científica de la medicina de los contrarios (Contraria contrariis curentur).

Es preciso señalar, de paso, la invocación de Hahnemann a la providencia divina, al buen Dios; SFCH no puede concebir un mundo creado por Dios, consagrado al Mal, sin que Dios haya puesto entre nosotros los medios de erradicar el Mal, las enfermedades, etc.

Son estas ideas generosas las que encontramos hoy en día en nuestras asociaciones caritativas como Médicos sin Fronteras, por ejemplo.

Hahnemann sitúa el debate en un nivel muy elevado; se apoya (con verdad y justicia) en el plano del devenir de la humanidad sufriente.

En suma, Hahnemann se revela como un continuador de las ideas de René Descartes (Discurso del método: 1637), y un precursor de las de Claude Bernard (Introducción al estudio de la medicina experimental de Claude Bernard: 1889).

El texto en azul es el texto primitivo, mientras que el texto en verde son las notas sobreañadidas por SFCH.

N° 85

Año: 1808

Edad: 53 años

T/C: Creación

Tipo: Artículo

Título: Rectificación concerniente a la profilaxis de la escarlatina (Diario de Hufeland, nº 27).

Lengua: Alemán

Categoría: Medicina y enfermedades infecciosas

Notas: A modo de justificación, Hahnemann publica, algunos meses más tarde, un nuevo estudio: Tratamiento profiláctico de la fiebre escarlatina.

Sus acusadores encuentran ahí a la vez una lección de observación y una receta útil:

“Tres niños de una misma familia, confiesa Hahnemann, habían sido alcanzados por una fiebre escarlatina grave; la cuarta, la mayor, que hasta entonces había tomado belladona al interior, para un mal externo en las articulaciones de los dedos, fue respetada para mi gran sorpresa por la enfermedad, aunque siempre fue ella la primera en experimentar los ataques de las otras epidemias. Este acontecimiento fue para mí una demostración…” (citado en la tesis del Dr. Georges Thouret) en el capítulo 4.

3. Los 23 aforismos del profesor.

Traducido del alemán por el doctor Pierre Schmidt.

CGHL. 1970, 7ª serie, nº 10, páginas 368-370. Redactor jefe: Dr. Jacques Baur.

A modo de introducción (R.S.): El profesor no era homeópata, era alópata y profesor de medicina interna.

A pesar de ello, fue amigo de Samuel Hahnemann y le abrió las columnas de su diario de medicina general.

Hahnemann publicó en el Diario de Hufeland 3 artículos de homeopatía (entre otros):

A. Ensayo sobre un nuevo principio.

B. Indicación de los remedios homeopáticos en la práctica corriente.

C. La medicina de la experiencia.

Es probable que sin esta apertura de espíritu siguiera siendo prácticamente desconocido hoy en día, aunque sea uno de los pioneros de la meteopatología y de la cronopatología.

He aquí los 23 aforismos de este gran médico:

1. Sólo hay un Arte médico, porque está fundado en las leyes eternas de la naturaleza: pero existen muchos sistemas y así debe ser; porque dependen de las ideas predominantes y del estado de los conocimientos que les sirven de base.

2. Ya hemos tenido bastantes sistemas para convencernos de que no es ahí donde reside el arte médico.

La historia de estos últimos treinta años, sobre todo, lo prueba en demasía.

Cada uno de ellos es mirado por su inventor como el único admisible, el único saludable, hasta que un nuevo sistema, que goza de las mismas propiedades, viene a derrocarlo para reinar en su lugar: y así seguirá siendo hasta el fin del mundo.

3. Pero lo que nos colma de alegría y de consuelo es ver que, a pesar de todas las vicisitudes de los sistemas y de los errores groseros de las escuelas, cierto número de hombres siguen conservando en su corazón un amor sincero por el verdadero Arte.

4. Pensad siempre en lo que sois y en lo que debéis.

Dios os ha revestido de un verdadero sacerdocio para conservar la antorcha sagrada de la vida, para ser los directores y los dispensadores de sus dones más preciosos, la salud y la vida, y de las potencias secretas que ha colocado en la naturaleza por el bien de la humanidad.

Funciones santas y sublimes: Cumplidlas con una conciencia pura, no en vuestro beneficio ni por vuestra reputación, sino por la gloria de Dios y la salvación de vuestros semejantes.

Un día tendréis que rendir cuentas de vuestra conducta.

5. Respetad siempre la dignidad del Arte, y haced que los demás la respeten: no lo consideréis como un vil oficio ni como un medio para llegar a un objetivo despreciable.

6. Distinguid bien la enfermedad del enfermo y, en vuestro tratamiento, considerad ambos.

A menudo la misma enfermedad reclama un tratamiento completamente opuesto en uno u otro enfermo.

7. El punto fundamental del Arte es generalizar las enfermedades lo más posible e individualizar al enfermo en la misma proporción.

8. Más vale que el enfermo muera a que lo matéis vosotros.

9. Si no podéis ayudar, al menos no perjudiquéis.

10. Que vuestro tratamiento no sea más pernicioso que la enfermedad.

11. Ante un peligro apremiante, arriesgadlo todo para salvar al enfermo, incluso vuestra reputación.

12. Sobre todo no penséis jamás en vosotros, sino sobre todo y siempre en el enfermo.

13. Haced inmediatamente lo que sea necesario.

A menudo la ocasión favorable no volverá más.

14. No hagáis nada sin una razón suficiente.

Más vale dejar que la naturaleza actúe sola que perturbarla por algo intempestivo o irracional.

15. En las enfermedades crónicas sobre todo, acostumbraos a la paciencia y sabed contar con el tiempo, porque hay ciertas afecciones crónicas que no se pueden curar más que en ciertas épocas y no en otras; sería inútil e incluso a menudo perjudicial atormentar al enfermo.

Algunas veces, la naturaleza, abandonada a sí misma, produce insensiblemente mejorías e incluso curaciones: o cambia una enfermedad incurable por otra que se puede curar, o provoca una crisis, una irritación que el médico sabe entonces aprovechar por el tratamiento.

16. No olvidéis nunca que no sois vosotros, sino la naturaleza la que cura siempre las enfermedades: no sois más que ayudantes que provocáis su obra, que la protegéis, la dirigís y a menudo la hacéis posible, pero que desgraciadamente podéis obstaculizarla a veces, y oponerle obstáculos insalvables.

17. No olvidéis jamás dirigir convenientemente y con el mayor cuidado el régimen del enfermo.

Más de una curación ha sido llevada a buen fin excluyendo rigurosamente todas las cosas perjudiciales y capaces de mantener la enfermedad: al contrario, el mejor tratamiento puede no tener efecto si va acompañado de excesos o desvíos en la dieta.

18. Aquí no se trata solamente de la cantidad, sino también de la calidad de los alimentos: es pues indispensable hacer un estudio razonable y profundo de la dietética.

19. La profesión más sublime del hombre, después de la de sacerdote, es pues estar encargado del cuidado de conservar la antorcha sagrada de la vida, de ser en la tierra el dispensador de los dones celestes de Dios y de las fuerzas secretas de la naturaleza, es decir, ser médico.

20. Creéis que cuando aparezcáis un día ante el trono de la Verdad eterna se os preguntará: “¿A qué sistema has pertenecido? ¿Has permanecido unido a él fielmente? y ¿has contribuido a darle esplendor?” Sino más bien: “Te he encargado que cuides las maravillosas virtudes que he confiado a la naturaleza y a sus productos para la salvación de los hombres”.

21. “¿Cómo has dispuesto de ellas? ¿Para la felicidad de la humanidad con reconocimiento y adoración o para la gloria de tu nombre, impulsado por el egoísmo y el interés personal? ¿Tenían tus acciones y los estudios a los que te has entregado únicamente como objetivo la verdad, la felicidad de tu semejante o el tuyo particular?”

22. El médico que no considera el Arte de curar como una verdadera religión debe considerarlo como la profesión más penosa e ingrata que exista en la tierra; no sabrá encontrar en ella ningún consuelo, y la practicará necesariamente con una gran frivolidad.

Sólo lo que se ha hecho en nombre de Dios puede colmar de alegría y felicidad.

¿Y desde qué punto de vista contemplan hoy muchos médicos el Arte de curar?

No lo consideran más que como una especulación, un medio para crearse cierto bienestar, para amasar dinero, honores: los mejores no ven en él a lo sumo más que un estudio de la naturaleza:

“Al comienzo de mi práctica, escribí en mi diario las palabras siguientes:

23. Aliviar los sufrimientos de los hombres, gozar de la alegría inefable de ser en la tierra su ayuda, su consuelo.

Ése es, ¡oh Dios mío!, mi deseo más ardiente.

Permite que venga a tocar mi alma en los días de éxito, de penas, de tribulaciones; haz que consagre a él mi vida entera: haz que prodigue a mis semejantes el socorro de la alegría y del consuelo.”

C. W. Hufeland



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