BIOGRAFÍA DE SÉBASTIEN DES GUIDI (1769-1863)
Posted: Marzo 13th, 2011 | Author: Matilde Rubin | Filed under: Biografías, Historia | No Comments »BIOGRAFÍA DEL DR. CONDE SEBASTIEN DES GUIDI (1769-1863)
Fuente: Dr. Séror http://www.homeoint.org/seror/biograph/desguidi.htm
Introducción
El Dr. Des Guidi introdujo la homeopatía en Francia, a partir de su práctica en Lyon. Le correspondía a un lugdunense resucitarla. El Dr. Lathoud que escribió una MMH tan importante inspirada en la de Kent nos cuenta, en un número muy antiguo del Propagador de la Homeopatía, lo que fue la vida del Doctor Sébastien Des Guidi.
EL DOCTOR CONDE SÉBASTIEN DES GUIDI (1769-1863)
Doctor J.A. Lathoud, de Lyon
Propagador de la Homeopatía, julio de 1934, nº 7, páginas 508-518)
La reproducción de la interesante y preciosa medalla del doctor Des Guidi, proveniente de la colección del Dr. Le Teiller, de Paris, cuya amabilidad nos ha autorizado a reproducir la fotografía de esta pieza rara (1), me trajo a la memoria la vida tan curiosa de este colega de antaño al recuerdo del cual va unido el gran mérito de haber sido el introductor de la homeopatía en Francia.
Contándola, creo interesar a nuestros lectores, en especial a los que pertenecen a la región rodaniana, puesto que fue en Lyon donde se desarrollaron las nuevas doctrinas hahnemannianas.
Lyon no sólo es la metrópolis comercial que la prudente audacia de sus grandes comerciantes supo hacer una de las primeras de Europa, sino también un foco intelectual cuya actividad ha lanzado a veces, bajo el impulso de hombres de primerísimo orden, un resplandor creador que el tiempo no sabría empañar.
Así fue como, entre otras muchas cosas, un lugdunense de adopción, el doctor conde Des Guidi, introdujo la homeopatía en Francia, en el transcurso de una vida que fue una verdadera novela.
El conde Sébastien Des Guidi, nacido en 1769 cerca de Nápoles en el castillo Gardia, descendía de una muy antigua y rica familia de origen florentino y, al comienzo de su existencia, nada podía hacer prever lo que iba a ser su agitado curso.
Para ponerse al día, y también por tendencia personal, recibió una fuerte instrucción en la que tuvieron un lugar muy importante las matemáticas, la física, la química y la historia natural.
Pero la curiosidad de su robusta inteligencia no se detuvo ahí, y las nuevas ideas filosóficas de la segunda mitad del siglo XVIII lo apasionaron hasta tal punto que, cuando estalló la revolución de Nápoles en 1799, desempeñó en ella un papel importante.
Desgraciadamente, por primera y única vez en su vida, la causa que había abrazado fue vencida.
“Sébastien Des Guidi, escribió uno de sus historiadores, Jules Forest, apenas contaba veinte años cuando la Revolución conmocionó Francia.
La viva imaginación del joven Sébastien sintió naturalmente sus alcances, y soñó, como sus hermanos, para su patria napolitana, con la misma libertad que la que Francia había sabido darse.
“Para apreciar la parte que tomó Sébastien Des Guidi en la revolución de Nápoles, es indispensable recordar aquí algunos de los rasgos principales.
Cuando en 1798, el general Championnet, vencedor de Mack a orillas del Tíber, hubo expulsado de Roma al rey de Nápoles y a 40.000 soldados napolitanos, los lazzaroni protestaron enérgicamente.
La corte tuvo la debilidad de armar a estos últimos, pero no tardó en asustarse tanto por los excesos cometidos por este populacho ignorante que tuvo que escaparse a Sicilia, el 2 de Nivoso en el buque del almirante inglés Nelson.
Once días más tarde, cuando los lazzaroni napolitanos se enteraron de que el general francés que seguía avanzando en dirección a Nápoles había firmado por otro lado, el 2 de Nivoso, un armisticio con Mack cediendo a su adversario Capua, una gran parte del reino de Nápoles y una contribución pecuniaria de ocho millones, se enfurecieron tanto que el príncipe Pignatelli al que el rey había dejado en Nápoles para gobernar en su nombre tuvo que huir a su vez a Sicilia.
Tras ocho días de tumulto y anarquía, el bajo pueblo napolitano que mostró, sin embargo, más valor que los soldados de su rey multiplicó su rabia con el anuncio de la aproximación de los franceses, y cometieron excesos tan inauditos que todos los partidarios del orden se pusieron de acuerdo para secundar la entrada del general Championnet, a la cabeza de su ejército, en Nápoles.
“Sébastien Des Guidi mandaba un destacamento de la guardia civil.
El 4 de Pluvioso del año VII (23 de enero de 1799) el general francés dio el asalto, sostenido por la guardia civil napolitana, y nuestro futuro colega se batió con verdadero valor.
Championnet, a pesar de la heroica defensa de los napolitanos, se adueñó finalmente de los fuertes y fortificaciones que defendían Nápoles, y destronando en nombre de la República Francesa al rey, el reino de Nápoles se convirtió en la República Partenopea hasta el 17 de julio siguiente cuando el ejército napolitano acompañaba a su capital al rey Fernando IV.
Después de la nueva ocupación de Nápoles por el poder monárquico, éste castigó a la guardia civil y a todos aquéllos que habían ayudado a Championnet con una brutalidad increíble, sin control, que se convirtió en una verdadera carnicería.
Así fue como Sébastien Des Guidi, herido y hecho prisionero, fue llevado con 700 compañeros a bordo de un buque inglés para ser colgados.
Cuando el joven Des Guidi iba a ser ejecutado, un error de nombre constatado a tiempo hizo que lo absolvieran y causó su salvación.
Pero la emoción que había experimentado fue tan profunda que le provocó en las piernas un temblor nervioso definitivo que imprimía a su modo de andar un aspecto vacilante además de causarle más de una caída posteriormente.
Esta debilidad de los miembros inferiores formó toda su vida un singular contraste con el vigor de su inteligencia.
“Finalmente, milagrosamente salvado, pero desprovisto de recursos, puesto que sus bienes habían sido confiscados, y comprometido gravemente a los ojos del rey de Nápoles y de su gobierno, pidió a Francia un refugio hospitalario.
Marsella fue su primera etapa; Lyon la segunda.”
Habiendo desembarcado en Marsella, ¿por qué circunstancias se dirigió Des Guidi a Lyon?
No sabemos lo que lo decidió; lo cierto es que llegó una buena mañana del año VII, proscrito y pobre, encontrando un primer asilo en el campanario de Fourvière vendido como bien nacional en 1792 y transformado en una especie de hotel equipado por Madame Besson.
Ésta, interesada por la suerte de su desgraciado inquilino lo presentó a un rico negociante de la ciudad, Vingtrinier, quien le proporcionó algunas lecciones.
Y así fue como habiendo terminado la primera parte de su vida, la de la tierna juventud, la de los sueños, su vida política en una palabra, comenzó lo que iba a ser su vida de universitario francés con lo que la fuerte instrucción que había recibido en otro tiempo iba a permitirle llegar a una muy honorable situación.
Por otra parte, había sido gratificado con la nacionalidad francesa el 2 de Termidor del año VI.
En efecto, en medio del infinito desorden de este fin de Revolución que Bonaparte intentaba organizar para reconstituir la vida francesa sobre un sólido armazón, las fuerzas intelectuales, vinieran de donde viniesen, tuvieron su empleo con tal de que tuvieran buena voluntad.
Así fue como Sébastien Des Guidi, al aprobar, en 1801, unas brillantes oposiciones para la elección de un profesor de matemáticas, obtuvo una plaza para este empleo en el colegio de Privas donde residió dos años; en 1803, volvió a Lyon donde fue designado por la Administración de la Instrucción pública para enseñar en el instituto de esta ciudad matemáticas y física.
En esta época, a través de unos amigos de Lyon, conoció a una vieja familia del Delfinado y en 1804, se casó con la señorita L. Chion, de Crest.
Veremos luego qué papel desempeñaba ésta a propósito de la conversión de su marido a las doctrinas homeopáticas.
Mientras tanto, Sébastien Des Guidi parecía haber vinculado su vida a la marcha apacible de una vida de funcionario muy considerado.
En medio del estrépito de las batallas que el Emperador libraba entonces en Europa, continuó el ejercicio de su apacible empleo.
Pasó a la administración de la Universidad donde fue nombrado inspector de enseñanza en Metz, en Estrasburgo y luego en 1819, en Lyon.
Entre tanto, proseguía sus trabajos personales que lo condujeron a obtener en primer lugar el título de doctor en Ciencias y luego de doctor en Medicina.
Tiene 51 años y su historia parece tener que acabar ahí.
¡Nada de eso!
Habiendo devuelto el rey Musat a Sébastien Des Guidi sus bienes confiscados en 1799 por el rey Fernando, tuvo que volver a su antigua patria para arreglar importantes asuntos de familia.
Previendo que su ausencia sería larga anuló con su dimisión sus funciones universitarias antes de marcharse para Nápoles.
Durante su estancia en el sur de Italia Des Guidi tuvo la ocasión de conocer la homeopatía.
Él mismo contó en Su carta a los médicos franceses las circunstancias que le llevaron a estudiar este método terapéutico.
Su mujer, aquejada desde hacía muchos años por una grave enfermedad, había agotado todos los cuidados del Arte oficial.
Entonces el Dr. Simone, de Nápoles, le habló de la homeopatía practicada con éxito en esta ciudad por el Dr. Romani: éste fue llamado para la enferma y tuvo el placer de curarla.
Des Guidi comprendió entonces todo el alcance del nuevo método:
“Me fue preciso admitir, escribió, que un hecho nuevo, increíble para mí, era sin embargo un hecho y que la medida de mis ideas era un poco corta para las fuerzas de la naturaleza y los descubrimientos del genio.
Lo probé en mí y en otros, y mi convicción pronto fue inquebrantable.
Me uní dos años seguidos en Nápoles, entre tanto, a la clase de clínica que daban los doctores Romani y Horatiis junto a los cuales estudiaba con todas mis fuerzas sacando algún fruto”.
En 1829, las circunstancias lo volvieron a llevar a Francia; pasó una temporada en Crest, en casa de sus suegros, y comenzó, en esta pequeña ciudad, a aplicar en algunos enfermos que habían recurrido a él la terapéutica homeopática.
Estos tratamientos, tan nuevos para el público de esta época, fueron acogidos, sin embargo, con un interés justificado por unos éxitos incontestables.
Pero no podía prolongar indefinidamente su estancia en un sitio en el que no habría tenido la oportunidad de desarrollar su actividad, y a finales de 1829, desembarcó en Lyon, donde a pesar de sus 60 años, iba a poner su gran talento, su ciencia profunda, su fortuna, toda su situación, al servicio de la Homeopatía emprendiendo por ella una cruzada ardiente, apoyada en los éxitos de una carrera médica brillante y fecunda.
Volvamos a su famosa Carta a los médicos franceses (1) de la que ya hemos citado un fragmento más arriba; leeremos cómo el Dr. Des Guidi propagó la Homeopatía, en Francia y en la Suiza francesa, y qué excelentes resultados obtuvo por el riguroso impulso con el que se impuso:
“Los éxitos de la Homeopatía fueron los mismos en Crest y en Lyon que el más justo reconocimiento me hacía creer en la obligación de elegir para encender allí el primer foco de la homeopatía en Francia, y donde unas curas multiplicadas a menudo en las personas más distinguidas por su inteligencia y su posición social no tardaron en asentarse diariamente de una manera brillante a favor de las doctrinas homeopáticas”.
Tales hechos no podían escapar a la atención de un cuerpo médico tan juicioso e instruido como el de Lyon.
Muchos médicos de la ciudad y de los alrededores, tras el severo examen de algunas de mis curaciones, se entregaron con un interés cada vez mayor al estudio de la nueva doctrina y actualmente, varios de ellos la ejercen con éxito…
Llamado a tratar por correspondencia enfermedades graves o rebeldes, en París y en otras ciudades, pronto me encontré relacionado con médicos esparcidos por todo el territorio y por las comarcas vecinas, y me apresuré a transmitirles todas las aclaraciones que me pidieron.
Así, la homeopatía no tardó en contar con amigos abnegados, propagadores y prácticos en París, Nîmes, Burdeos, Macon, Bourg, St-Etienne, Besançon, y también en Vevey, Lausana, y sobre todo en Ginebra donde tuve la oportunidad de conocer al Dr. Dufresne que se convirtió, más adelante, en uno de los más grandes médicos homeópatas de su tiempo. ”
Pero los cuidados ofrecidos a sus enfermos no limitaron, sin embargo, toda su actividad.
Mientras les dedicaba gran parte de su tiempo, sostenía contra la intolerancia de la Escuela oficial de entonces una lucha continua cuya principal manifestación es su Carta a los Sres. Miembros de la Sociedad Real de Medicina sobre la respuesta que dirigieron al Ministro de la Instrucción pública en abril de 1835, a propósito de la Homeopatía.
Esta carta es sin rodeos una pequeña obra maestra de lógica.
Y si hoy mismo la volviéramos a leer nos sorprenderíamos.
En la Academia de Medicina que pretendía haber juzgado la homeopatía por el razonamiento y por los hechos, el Dr. Des Guidi que, en esta carta dirigida por ella al Ministro de la Instrucción pública, los miembros de esta augusta Compañía no se apoyaban más que sobre aserciones vacías y experimentos mal hechos.
El Dr. Des Guidi publicó además posteriormente dos trabajos interesantes: Observaciones sobre el proyecto de ley relativo al ejercicio de la medicina presentado a la comisión de la Cámara de los Diputados, y una interesante monografía sobre el Tratamiento de la gripe.
Sus escritos dieron valor a su palabra.
Su casa se convirtió en el centro de reunión de médicos deseosos de conocer la nueva terapéutica.
Así fue como el doctor Des Guidi llegó a ser el maestro de esta pléyade de médicos homeópatas que iban a llevar su fecunda ciencia a través de toda Francia, y a la Suiza francesa.
Así fue fundada la Sociedad Homeopática Lugdunense cuyo éxito iba creciendo, y su influencia fue tal que se propagó pronto por fuera con una autoridad tan marcada que dio origen a la gran Sociedad Galicana que se reunió por primera vez en Lyon en septiembre de 1833, hace 101 años, bajo su presidencia.
Esta primera reunión, que contaba con más de 60 asociados tanto nacionales como extranjeros, fue notable por las vastas y profundas cuestiones que allí fueron tratadas con mucho cuidado y una gran competencia.
La sesión duró tres días y, antes de separarse, la nueva sociedad emitió el deseo de que se acuñara una moneda para perpetuar el recuerdo del Dr. Des Guidi, este médico de muy gran talento que había introducido, con éxito, la homeopatía en Francia.
Los enfermos curados por el Dr. Des Guidi se encargaron de realizar ese deseo, y poco tiempo después, 300 suscriptores hacían acuñar una gran medalla de oro con la efigie de su bienhechor que llevaba la leyenda característica siguiente: Mise Sanati gratitudinis memores.
En el reverso de esta medalla se lee la inscripción: “El año 1830, la Homeopatía fue introducida en Lyon y propagada en Francia por el Dr. Conde Sébastien Des Guidi”.
Regalaron esta medalla al Dr. Des Guidi y cada suscriptor conservó una semejante de bronce.
Muchas fueron distribuidas también a sociedades eruditas, a las autoridades científicas y a los admiradores de la nueva doctrina y de su propagador.
Es una reproducción de esta medalla la que nuestro excelente colega, el Dr. Le Tellier nos ha autorizado a editar la fotografía en el último número de nuestra revista.
Digamos, para terminar la historia de este gran homeópata, que además de estos honores profesionales que le fueron devueltos tan legítimamente, su mérito fue reconocido también por el Estado; en 1834, fue nombrado inspector honorario de la Universidad de Lyon y, en 1835, el rey Luis Felipe le concedió la condecoración de la Legión de Honor.
Hasta el término de su larga existencia se entregó al doble objetivo que se había propuesto: aliviar a sus enfermos aplicándoles la terapéutica homeopática y propagarla iniciando en su método a todos aquéllos que vinieran a pedírselo.
“Ojalá, Señores, escribía hacia el final de su vida en una comunicación a la Sociedad Homeopática de París, no desdeñaran las palabras de un médico que una experiencia afortunada y la convicción más profunda traen ante ustedes; de un hombre cuya esperanza más querida es ver sus trabajos eclipsados por los suyos en una carrera donde crezcan para ustedes las palmas gloriosas que me es tan grato poder mostrarles.”
El doctor Des Guidi murió en 1863 a los 94 años.
El doctor Gallavardin padre, quien tuvo el honor y la buena suerte de aprender homeopatía con semejante maestro, dijo esto de él:
“Se experimenta a la vez un sentimiento de asombro y de admiración pensando en este hombre cuya inteligencia secundó tan bien la actividad, y que en una tan larga existencia recorrió, por decirlo así, tres o cuatro carreras, volviendo a comenzar casi cada vez una nueva: a los 32 años, a los 50, a los 51, y por último ¡a los 62! ¿No hice bien diciéndolo?
La energía de la vida intelectual estuvo en él siempre relacionada con la energía de la vida física; y de este modo, confirmaba tanto como puede serlo el axioma tradicional Mens sana in corpore sano.
Y ¿lo creeríamos?
A este hombre cuya existencia ha sido tan larga y tan laboriosamente ocupada, se atrevían a reprocharle pamplinas: su acento napolitano, el calor y la originalidad de su lenguaje, su gesticulación tan expresiva como su palabra, el ardor de su fe médica, su amor a la representación, todo inherente a su nacionalidad.
¿Acaso querría la gente superficial que formulaba contra él acusaciones pueriles comparar su vida con la suya?
¿Quién podría ofrecernos semejante ejemplo de longevidad intelectual?
A estas grandes cualidades y a estos pequeños defectos, el doctor Des Guidi unía, sin embargo, una profunda y real modestia.
Su biógrafo, Jules Forest, cuenta de él este bello y noble pensamiento en el que supo poner en su justo sitio su genio médico: “No he tenido mérito real. Es la mano de la Providencia la que me ha dirigido: sólo a Ella corresponde toda la gloria”.
¿No hacíamos bien diciendo al comenzar que la vida del Dr. Des Guidi fue una verdadera novela?
Pero una hermosa novela, llena de una gran enseñanza y de un noble ejemplo.
Y cuando en Francia o en Suiza, un enfermo curado gracias a la homeopatía piense agradecido en esta terapéutica ¿sabría que se desarrolló en Lyon y bajo el impulso del doctor Des Guidi?
Notas de referencias:
(1) Ver el nº de junio de 1934 del Propagador de la Homeopatía.
(2) Los detalles más importantes de este modesto artículo han sido inspirados por un estudio del Dr. Jules Gallavardin sobre el Dr. Des Guidi, publicado en el Propagador de la Homeopatía del 31 de mayo de 1908.
La carta a los médicos franceses del Dr. Des Guidi tuvo cuatro ediciones en 1832, 1836, 1852 y 1861.
Fue traducida al alemán en 1832; al inglés, en Nueva York, en 1834; dos veces al español en 1835; y al italiano en 1850.
Las dos primeras ediciones francesas tenían sobre todo como objetivo hacer conocer a los médicos los recursos de la homeopatía en el tratamiento del cólera.
Las dos primeras fueron publicadas bajo la dirección del Dr. Perrussel.


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