THE FACES OF HOMOEOPATHY
Posted: Marzo 5th, 2011 | Author: Emilio Morales | Filed under: Biografías, Historia | 1 Comment »Título: THE FACES OF HOMOEOPATHY, an illustrated history of the first 200 years.
Autor: Julian Winston.
Edit: Great Auk Publishing.
Tawa, Nueva Zelanda, 1999.
Ya nos ocupamos aquí de una obra imprescindible del malogrado Julian Winston: The Heritage of Homoeopathic Literature. Ahora me gustaría decir alguna palabra sobre The Faces of Homeopathy.
Se trata de un libro que cuenta la historia de los primeros doscientos años del método a través de sus protagonistas: los médicos homeópatas, en especial americanos e ingleses. De ahí el título: Las caras de la homeopatía. Puede leerse de un tirón o puede tenerse como libro de cabecera para disfrutarlo poco a poco. Lo abráis por donde lo abráis encontraréis historias, anécdotas, citas, algunas sorprendentes, otras divertidas, todas del mayor interés. Encontraremos homeópatas con diversas tendencias y actitudes, con vidas convencionales o heterodoxas, pero todos ellos entusiasmados, como lo estamos nosotros mismos al cabo de doscientos años de historia, por los fantásticos resultados de un método que al primer golpe de vista parecía sencillamente imposible.
Veamos como ejemplo al doctor Alfred Pulford (1863-1948). Fue un prolífico escritor. A su pluma se deben más de cien artículos y dos libros. Me he permitido traducir para vosotros un fragmento que Winston toma del Homoeopathic Recorder, abril de 1930. Os va a sonar:
“Ningún músico llegó jamás a ser un experto simplemente por aprender a interpretar una melodía, ignorando los rudimentos del arte; jamás ningún pintor llegó a ser un gran artista intentando pintar sin aprender previamente el arte de mezclar las pinturas y combinar los colores y ningún estudiante o doctor puede esperar convertirse en un verdadero homeópata si no se familiariza con las bases y los principios sobre los que se construyó y se sostiene la homeopatía: el Órganon. Esta omisión, en la que incurre la mayor parte de la profesión homeopática, es la causa de que la homeopatía esté hoy en día representada por hombres que no comprenden lo que la homeopatía significa en realidad. Después de haber leído el Órganon de forma reflexiva e inteligente, todas aquellas cosas que no se han comprendido con claridad pueden aclararse leyendo un buen trabajo sobre filosofía homeopática, el más prominente de los cuales es el de Kent. Una vez leído inteligentemente y comprendido esto, estamos en disposición de emprender el estudio de la materia médica. Como una introducción a este extenso tema, Lectures of Materia Medica, de Kent, es muy recomendable y proporciona la mejor exposición de cómo estudiar el remedio, dilucidando sus diferentes acciones, características y comparaciones. Casi de la misma importancia podemos considerar Bell on Diarrhea, etc., que puede dar una clara idea de cómo seleccionar y aplicar el remedio. Una vez dominado todo esto, usted tiene el comienzo de cómo obtener una clara concepción de la homeopatía y de cómo seleccionar y aplicar el remedio individual, después de lo cual el resto resultará fácil en comparación.
”No es posible acceder con éxito a la homeopatía si no se tiene el deseo y la voluntad de divorciarse de la medicina moderna. La inteligencia vive en el refinamiento; la ignorancia, en la vulgaridad. La homeopatía es la personificación del refinamiento. Todo aquel que ha estudiado la homeopatía adecuadamente y la ha practicado estrictamente, ha visto sus esfuerzos más que recompensados, y jurará que así ha ocurrido”.
También nos enteramos en The Faces del caso de la doctora Julia Minerva Green (1871-1963). Natural de Maldem (Massachuset), ejerció como homeópata en Washington. Iba a visitar a sus pacientes en bicicleta y utilizaba (imagino que lo harían otras damas en la época) plomadas de pesca cosidas al borde de su falda para evitar que el aire la levantase. Pero lo de la bicicleta duró poco. En 1907 se compró un automóvil. Fue el segundo de Washington: el primero era el del Presidente de los Estados Unidos.
Y hablando de automóviles, la doctora Elizabeth Wright Hubbard (1896-1967) fue la comidilla de la ultraconservadora sociedad de Boston mientras atendía las llamadas de sus pacientes en un Rolls Royce deportivo al que ella llamaba “Rosalía”. Una mujer de lo más interesante, sin duda.
Y muchas más cosas. Clarke, por ejemplo, hacía sus visitas en un carruaje tirado por caballos en cuyo interior había instalado un oficina completa con su escritorio incluido, lo que le permitía aprovechar cada minuto libre para trabajar en sus escritos. Clarke era además muy aficionado a la poesía y tuvo en su momento ciertas ideas políticas poco edificantes que han motivado que Julian Winston, con mucho sentido del humor, titule un epígrafe Dr. Clarke y Mr. Hyde.
Un libro que no tiene desperdicio. Exento de fanatismo o tendenciosidad, cuenta tanto lo bueno como lo malo de la homeopatía y de los homeópatas. Todo ello aderezado con el estilo inteligente y desenfadado de Julian Winston. Que descanse en paz, con el agradecimiento de todos los que amamos la homeopatía.

Adquirí mi ejemplar dos meses después de su publicación, en mayo de 1999. Pagué 80 US$. No es cuestión de memoria, sino de lápiz. Bien los mereció esta joya de la literatura histórica homeopática. Con una cuidadísima edición en tapa dura, en la que solo el diseño de la cubierta es ya de antología, y probablemente responsable, ella solita, de la mitad de la venta del libro, o, al menos, de suscitar el suficiente interés del potencial comprador.
Respecto a su variado contenido (bien es verdad que referido principalmente al ámbito norteamericano), no defrauda expectativas. Destacaría, también, las referencias a (y fotos de) los hospitales homeopáticos; la parte del informe Flexner que aludía a ellos, incluida en el libro, factor decisivo en la declinación de la homeopatía yanki desde principios del siglo XX; los repertorios de fichas perforadas, probablemente desconocidos para muchos, para otros útil herramienta en nuestras repertorizaciones de un perfil concreto de paciente, en la época precomputacional. Y esa foto de Hering anciano en su despacho, ese pedazo de “Sulphur en su hábitat natural”.
Muchos y buenos momentos asegurados teniéndolo a mano, en la repisa correspondiente.