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HOMEOPATÍA EN LA EDAD MEDIA

Posted: Octubre 30th, 2010 | Author: | Filed under: Miscelánea | No Comments »

Si bien aceptamos que la homeopatía tiene doscientos años y que sus precedentes fueron, en todo caso, meras formulaciones teóricas, los hallazgos del Dr, Lobethal en la biblioteca de Breslau parecen indicar que, ya en el Medioevo, algunos alquimistas desarrollaron y pusieron en práctica un método muy similar a la homeopatía de Hahnemann.

Este breve artículo del Dr. E. W. Berridge, aparecido en The Unknown World, nº 1. Vol. I, 15 de agosto de 1894, que me he permitido traducir para los amigos de LIBROS DE HOMEOPATÍA, es una buena introducción al tema, que sin duda merece mayores indagaciones.

MEDICINA ESPAGÍRICA

El siguiente artículo apareció en el American Journal of Homoeopahic Materia Medica, julio de 1872, pp. 427-9, traducido por el Dr. Ochme del Hirschel’s Zeitsschrit fur Homoeopathische Klinik, vol. 21, pp. 38, 57.

“Las investigaciones del Dr. Lobethal en la biblioteca de Breslau (provincia de Silesia, Prusia) a propósito de medicina espagírica (medicina química) sacaron a la luz los siguientes hechos sumamente interesantes:

1- El principio similia similibus curantur ya era conocido en el siglo XII como un modo de tratamiento muy antiguo, racional y empírico.
2- La medicina espagírica, desarrollada a partir de la alquimia tomó muchos errores de la misma. A menudo se la confundió con la alquimia y en consecuencia fue malentendida. Sufrió la misma persecución que la alquimia y fue olvidada por completo.
3- El efecto curativo de los remedios espagíricos fue explicado por el principio similia similibus curantur, en contraste con la llamada medicina escolástica o galenista, que practicaba según el principio contraria contrariis.
4- Este tratamiento se cultivó especialmente en los monasterios y se extendió desde los mismos. El monje Basilio Valentín, de Erfurt, famoso por sus curaciones y escritos, sabía con precisión y claridad, ya en el siglo XIV, que este tratamiento era el más sencillo, el más correcto y el más rápido, y lo recomendaba con mucho interés.
5- Teofrasto Paracelso no fue el predecesor de Hahnemann en la homeopatía, pero fue considerado un curandero jactancioso contra el que los respetables médicos de la escuela espagírica protestaron de palabra y por escrito.

[Esto es muy injusto para Paracelso. En su época había médicos que eran curanderos jactanciosos y precisamente ellos odiaban a Paracelso (incluso pensaban asesinarlo) porque denunció su ignorancia y su presunción. Del mismo modo que, más tarde, Hahnemann sería calumniado y perseguido. Yo no comprendo la diferencia que hace Lobethal entre medicina espagírica y alquímica. En el artículo sobre Paracelso en el último número de Unknown World, parece haber usado las dos expresiones como sinónimos; y seguramente él conocía mejor el significado de los términos.- E.W.B.]

Los médicos espagíricos no sólo conocían el principio similila similibus y tenían una explicación del mismo más natural y mejor que la que tenemos nosotros, sino que actuaban basándose en las siguientes doctrinas:
A- Para cualquier enfermedad debe administrarse un solo remedio y no mezclas.
B- Las enfermedades crónicas externas sólo pueden ser curadas con medicinas internas.
C- Los remedios administrados según el principio similia similibus, sólo pueden serlo en forma de arcano; es decir, toda la materia (en contraste con su espíritu o poder dinámico) debe ser eliminada de los mismos.
D- Todos los remedios actúan mejor después de haber perdido sus propiedades materiales, por una laboriosa preparación repetida, principalmente química, y se han convertido, por un cuádruple tratamiento, en una quintaesencia.
E- Así preparadas, las medicinas pueden administrarse en cantidades muy pequeñas y en dosis poco frecuentes, a causa de su relación magnética con la enfermedad.
F- Los médicos de esta escuela no sólo estaban familiarizados con los efectos más importantes de los actuales policrestos homeopáticos, sino que también sabían convertir el cuarzo, la sal común y cuerpos inertes similares en arcanos o grandes medicinas.

Johann Faramund Rumel, nacido en Neumarkt, Bavaria, escribió en su libro sobre medicina espagírica, publicado en 1694, lo siguiente:

“Como todo espíritu (spiritus) desea ser afectado sólo por las más fuertes afinidades consigo mismo (p. 3)…, la cura debe efectuarse con un remedio de naturaleza semejante a lo que ocasiona la enfermedad. Cualquier veneno (enfermedad) puede ser eliminado de dos maneras: primero por los contraria, por un remedio de naturaleza opuesta que va contra el veneno… segundo, por los similia, por un remedio de naturaleza semejante; como por magnetismo: un veneno atrae al otro. Pero el remedio venenoso que tiene que curar a su semejante debe ser preparado primero de modo que su veneno se transforme en medicina. Porque un veneno preparado de tal manera que no pueda hacer ningún daño contrarresta cualquier otro veneno (enfermedad) que encuentre… De manera semejante, el fuego y el alcohol más ardiente quitan el dolor y el calor de una quemadura; el agua de nieve recupera los miembros helados y el aceite de escorpión, el polvo de sapos fritos y la grasa de víbora eliminan cualquier infección por venenos animales.” (pp. 599-601)

Esta enseñanza abarca los tres principios más importantes de la verdadera homeopatía, tal y como fueron expresados más tarde por Hahnemann, es decir, el remedio similar, el remedio único y el remedio dinamizado, conocido como dosis infinitesimal. Resulta interesante comprobar el avanzado conocimiento de algunos de los viejos filósofos herméticos.

Se observará que tanto Rumel como el autor del documento descubierto por Lobethal utilizan los términos “magnetismo” o “relación magnética” para denotar el modus operandi de la curación medicinal. Hace treinta años, escribí una teoría sobre la acción homeopática (nunca se publicó) en la cual argumentaba que las fuerzas de la enfermedad y las fuerzas de la medicina eran esencialmente las mismas, pero con polaridad opuesta. De ahí que, cuando el remedio apropiado era administrado de acuerdo a la ley de similia, ambos se neutralizaban dejando la fuerza vital libre para restaurar la salud; o si el paciente estaba demasiado débil para que fuera posible una curación completa, para aliviar; y finalmente para procurar una muerte en ataraxia (eutanasia).

E. W. Berridge, M.D.



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