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LIBROS DE LOS QUE EL HOMEÓPATA NO PUEDE PRESCINDIR The Literary Armamentarium

Posted: Junio 2nd, 2010 | Author: | Filed under: Bibliografías | 3 Comments »

LIBROS DE LOS QUE EL HOMEÓPATA NO PUEDE PRESCINDIR
The Literary Armamentarium
En su magnífica obra The Heritage of Homœopathic Literature, de la que ya hemos hablado con anterioridad en este blog, Julian Winston incluye un pequeño apéndice con una conferencia del doctor Woodbury a propósito de los libros imprescindibles para un homeópata. Como dicha conferencia se pronunció en 1931, este trabajo permite abrir un debate, no sólo sobre su contenido, sino también sobre los libros escritos desde esa fecha hasta 2010. El propio Winston declara haber hecho una encuesta entre 40 homeópatas (de los que sólo respondieron 25). Pero eso ya pertenece a la propia obra. Por el momento, me he permitido traducir la conferencia de Woodbury en la sincera creencia de no estar vulnerando ningún derecho de autor, ya que fue pronunciada hace 79 años. Desde aquí invito a todos los compañeros y a todas las personas interesadas en la homeopatía a compartir sus opiniones sobre el tema. ¿Están de acuerdo con lo expuesto por Woodbury? ¿Qué libros, desde 1931 a nuestros días consideran interesantes o incluso imprescindibles para la formación del médico homeópata?

También os invito a responder a cualquier pregunta que os pueda suscitar la lectura de este interesante trabajo o a plantear esas mismas preguntas. Sólo hay que ir hasta el final del post donde dice Leave a Reply escribir el comentario en el recuadro inferior y pulsar Submit comment; el sistema pide un nombre, un email y una dirección web (opcional). Julian Winston sólo recibió 25 respuestas. Para mí, 5 ya serían un triunfo.

El arsenal literario
o
Los libros de los que el médico homeópata no puede prescindir, y algo sobre los mismos
por Benjamin Woodbury, MD.
Leído ante la Sociedad Médica Homeopática de Connecticut,
Derby, Connecticut
20 de octubre 1931

La petición del Comité Ejecutivo de la Sociedad Médica Homeopática de Connecticut para que presentase un documento sobre el tema “Los libros de los que el médico homeópata no puede prescindir, y algo sobre los mismos” me recuerda que, después de todo, nada hay más importante, desde el punto de vista del médico homeópata, que su equipo literario.

¿Qué quiero decir, en pocas palabras, con esto de arsenal literario?

En primer lugar, debe darse por sentado que el médico homeópata, como cualquier otro médico, debe haber tenido al comienzo de su carrera:

Un adecuado conocimiento de los clásicos o su equivalente.
Una o más lenguas modernas.
Un buen conocimiento de las ciencias en general, y de la química y la física en particular.
Y, si está destinado a tener éxito, un cierto amor innato al prójimo y el innato deseo de convertirse, en la medida de su capacidad, en un sanador de los enfermos.

Ya sea consciente o inconscientemente, deberá asumir en su cosmos, o tal vez más específicamente dentro de su ego, el propósito divino tan bien establecido por nuestro inmortal Hahnemann en el primer parágrafo del Órganon, a saber:

“El primero y único deber del médico es restituir la salud a los enfermos. Éste es el verdadero arte de curar.”

La edición que acabamos de citar es la primera edición americana de la cuarta edición alemana traducida al inglés por Stratten, de Dublín. Hay otra versión de Dudgeon que es mucho más conocida y que dice así:

“La única y elevada misión del médico es devolver la salud a los enfermos, lo que se llama curar.”

El difunto Conrad Wesselhoeft, de Boston, lo traduce así:

“La más alta y la única vocación del médico es devolver la salud a los enfermos, lo que se llama curar.”

Y Fincke, uno de los pensadores más profundos del ala hahnemanniana de la profesión, en una traducción inédita de la quinta edición transcribe este mismo pasaje de la siguiente manera:

“La más alta y única vocación del médico es sanar a los enfermos, lo que se llama curar.”

De cualquier forma que traduzcamos este notable aforismo de Hahnemann, estamos frente a la dignidad del médico, su elevado valor en el mundo de los hombres, y la alta vocación con la que el Dios que todo lo cura lo ha señalado.

Me viene a la memoria la historia de un niño, hijo de un médico, al que alguien que había estado buscando a su padre sin encontrarlo y estaba a punto de abandonar la búsqueda decepcionado le preguntó dónde podía encontrarlo. “No sé, respondió el hombrecito, dónde puede estar mi padre en este momento. Pero esté donde esté, es seguro que está ayudando a alguien.”

Si esto es el fin y objetivo del estudiante de medicina, y del médico homeópata, estoy seguro de que su futura carrera será un éxito. Así, curar a los enfermos, hacer que la gente enferma se ponga bien, es el alfa y el omega del médico. Estamos en deuda con Bacon por las observaciones realizadas en tantos y tantos libros, y John Milton ha señalado que “un buen libro es la preciosa sangre viva de un espíritu maestro, embalsamada y atesorada con el propósito de una vida más allá de la vida”.

Richard le Gallienne ha dicho en una de sus exquisitas novelas que “Los libros son los buenos samaritanos que nos encuentran desposeídos de todos nuestros sueños en el camino de la vida, sangrando, llorando y desolados, y tal es su capacidad y la riqueza y bondad de su corazón, que no sólo curan nuestras heridas, sino que nos devuelven la propiedad perdida de nuestros sueños.” Y “Una biblioteca es un mundo mejor, construido por los cerebros y los corazones de los poetas y soñadores; como un refugio del mundo real exterior; sólo allí puede encontrarse la prometida tierra de leche y miel.”

Si producen tales efectos los libros profanos, ¿por qué no han de producirlos las bibliotecas médicas o científicas? Creo que hay un poderoso mundo de novela oculto dentro de los tomos de todas las épocas, y ¿quién puede decir que no hay un soplo divino en el hombre de ciencia o el hombre de ciencia médica, así como en el poeta o el diletante?

Antes de entrar en más detalles sobre nuestro tema, permítanme llamar su atención sobre las opiniones generales de algunas mentes literarias con respecto a los libros.

En primer lugar, si estamos tan interesados en los propios libros como el difunto librero de viejo Dr. Crothers (Among Friends , p. 96), no debemos permitir que sufran por falta de atención. Porque hay muchas negligencias que pueden afectar a un libro, sobre todo si es viejo. Pero una vez más el ingenio moderno ha ideado formas y medios para la conservación permanente de una biblioteca que sea digna de la atención de un coleccionista.

En “la convención de libros de viejo”, citada por el Dr. Crothers, los libros asumen la responsabilidad, no de su propio cuidado, sino del cuidado de sus lectores, los organizan con esmero, ordenándolos por grupos, y deciden a propósito de sus diferentes méritos.

A su manera, los libros almacenan a sus lectores y cuando un libro pierde o extravía a alguno de ellos, se considera como un importante faux pas. No es un logro pequeño para un libro seleccionar, de entre una gran colección de lectores diferentes, aquéllos que son dignos de ser cultivados.

Tal vez a ninguno de nosotros se nos ha ocurrido que existe una especificidad entre los lectores, así como entre los libros. Aún así, el Dr. Crothers nos lo quiere hacer creer. Este autor dotado y crítico también escribió otro ensayo titulado The Hundred Worst Books , en el que dice que:

“Al igual que todos los organismos inferiores, los libros malos se multiplican prodigiosamente, aunque el número total se mantiene bajo merced a una mortalidad equivalente (…). Los peores libros se hunden rápidamente en las profundidades del olvido. Es en estas aguas negras en las que hay que dragar para encontrar nuestros ejemplares.”

Afortunadamente, la homeopatía puede jactarse de una multitud de buenos libros, y de un número relativamente pequeño de los malos, incluso aplicándoles todo el rigor inmisericorde que emplearía el crítico de literatura general. Ciertamente, las obras de Hahnemann, Jahr, Boenninghausen, Hempel, Hering, Kent y Allen (por citar sólo algunos de los primeros compiladores de la literatura homeopática) poseen una alta calidad literaria.

Examinemos algunos de los tesoros que se encuentran en el arsenal literario del médico homeópata: en primer lugar, volvamos a las fuentes, y veremos que las contribuciones de Hahnemann aún merecen un lugar en la actualidad. Las principales obras de Hahnemann incluyen, como es bien sabido, Organon, Materia Medica Pura y Chronic Diseases. Sin embargo, en sus Lesser Writings hay mucho que es digno de la consideración de todos los médicos cualquiera que sea su método de práctica.

En su volumen monumental, Samuel Hahnemann: His Life and Work, el Dr. Richard Haehl de Stuttgart ha incluido una lista de los ensayos y libros de Hahnemann. Esta lista abarca no menos de veintidós volúmenes extensos de traducciones y revisiones de los principales escritores médicos de la época, desde el año 1777 hasta 1800.

De las propias obras y ensayos de Hahnemann, hay sesenta enumerados desde el año 1779 a 1810, fecha en la que se publicó la primera edición del Organon. Y desde ese momento hasta 1833 existen varias ediciones de Materia Medica Pura y Chronic Diseases, con folletos que marcan una época, como The Spirit of the Homeopathic Doctrine of Medicine que, aunque imperfectamente traducida al inglés, fue el medio para la introducción de la homeopatía en América por Hans Burch Gram, en 1825; Dissertation on Helleborism of Ancients fue su tesis para la facultad de Leipsig; On the Preparation and Dispensing of Medicines by Homeopathic Physicians; Allopathy, a Word of Warning to Sick People; The Cure of Cholera; sus escritos sobre los antipsóricos y los escritos de Bönninghausen en general. Esta lista incluye unos veintidós ensayos o más, así como introducciones de Leber y Lich, y Kammerer de Ulm. Finalmente, su sexta y última edición del Organon con sus propias anotaciones y presentadas a la profesión gracias al esfuerzo de los doctores James W. Ward y el fallecido William Boericke de San Francisco. ¿De cuál de estos trabajos puede prescindir el médico homeópata? Ciertamente no del gran trío: Organon, Materia Medica Pura y Chronic Diseases.

Hace ya mucho tiempo que concebí la idea de formular una lista de obras homeopáticas para la biblioteca del médico homeópata, semejante a la que fue tan popular en su tiempo Five Foot Shelf of Books , del Dr. Elliot. El gran educador lo incluyó de ahí en adelante en sus Clásicos de Harvard (Collier, Nueva York, 1910).

Esta colección constaba de cincuenta volúmenes seleccionados, familiarizándose con los cuales cualquier hombre o mujer podría convertirse en una persona culta. El Dr. Crothers comenta candorosamente sobre esta estantería de cinco pies que:

“Hay pequeños celos entre los libros, y es imposible agradarlos a todos. El viejo bibliotecario era consciente de esto cuando, en un rincón de la sala, vio un número de libros elegidos por su especial utilidad, sentados en un diván de cinco pies de largo. Llamados por sus nombres, cada uno de ellos se adelantó con una mirada de mérito modesto, mientras que una momentánea sorpresa traicionaba a su vecino.”

En el ensayo mencionado, el doctor Crothers hace referencia a entre noventa y cien autores. Veamos cómo puede elaborarse la lista de obras homeopáticas que uno seleccionaría para una estantería de cinco pies. Como ha dicho Bardford, Hahnemann da en su artículo sobre Arsenical Poisoning no menos de 861 citas de 389 autores y libros diferentes, en idiomas diferentes y pertenecientes a diferentes épocas, y da estas referencias “con precisión tanto en el volumen como en la página”, y Haehl nos informa que en su Dissertation on Helleborism of Ancients fue “capaz de citar textualmente (y dar la ubicación de los pasajes en cuestión) de observadores en Alemán, Francés, Inglés, Italiano, Latín, Griego, Hebreo y escritores médicos árabes y pudo examinar sus puntos de vista ya fuese para mostrar su desacuerdo, ya fuese para ampliarlos. Citó a más de cincuenta médicos más o menos conocidos, así como a filósofos y naturalistas.” ¡Tal era la sabiduría de Hahnemann!

Volvamos a nuestros propios clásicos homeopáticos. Como director de la Oficina de Publicaciones de la Fundación Americana para la Homeopatía, a menudo me han consultado para compilar listas de libros homeopáticos de referencia que se puedan recomendar para el uso de los profanos, para los principiantes en homeopatía y para un estudio más avanzado. Un listado parcial de tales trabajos se publicó en el Homeopathic Survey en enero de 1828; en el Homeopathic Recorder en abril de 1931, se encontrará un escrito leído ante la Fundación de Posgraduados de la Escuela de Verano sobre The Homeopathic Library and How to Profit by It, que describe de manera general los fundamentos de la literatura homeopática y su uso en la biblioteca del médico homeópata.

En las listas de referencia, las obras sobre homeopatía sugeridas para la biblioteca y el estudio de libros de texto en casa fueron ordenadas en cuatro grupos de la siguiente manera:

Grupo I, alrededor de de cuarenta o cincuenta obras fueron clasificadas bajo Materia médica
Grupo II, cincuenta obras sobre Filosofía homeopática
Grupo III, unas noventa o más obras se clasificaron bajo Repertorio
Grupo IV, ochenta o más obras bajo Terapéutica y Práctica homeopática

Si tuviéramos que elegir de entre esta lista de alrededor de trescientas obras cincuenta volúmenes para nuestra estantería de cinco pies de Clásicos Homeopáticos bien podríamos condensar los mencionados grupos más o menos así:

Grupo I
Materia médica

Keynotes, de HC Allen
Materia Medica Pura, de Hahnemann
Condensed Materia Medica, de Hering
Hand Book, de TF Allen
Pocket Manual of Materia Medica de Boericke
Synoptic Key, de Boger
Dictionary of Practical Materia Medica (3 vols.), de Clarke
Clinical Materia Medica. de Farrington
Comparative Materia Medica, de Gross
Lectures on Materia Medica, de Kent
Keynotes to Materia Medica, de Guernsey
Manual of Pharmacodynamics, de Hughes
Introduction to the Principles and Practice of Homoeopathy, de Wheeler
Repertory (with the Materia Medica), de Choudhuri

Grupo II
Filosofía homeopática

Lesser Writings, de Boenninghausen
Homeopathy Explained, de Clarke
Genius of Homeopathy, de Close
Homeopathy, the Science of Therapeutics, de Dunham
Lectures on the Theory and Practice of Homoeopathy, de Dudgeon
High Potencies and Homeopathic, de Fincke
Characteristics of Homoeopathia, de Gram
Organon ( 1st Edition, Everyman’s Library Edition and 6th Short Edition, Boericke), de Hahnemann
Chronic Diseases (Theoretical Part only) (translated by Prof. L. H. Tafel), de  Hahnemann
Lesser Writings, de Hahnemann
Principles of Homoeopathy, de  Joslin

Lectures on Homeopathic Philosophy, de Kent

Lesser Writings, de Kent

Outlines of Homeopathic Philosophy, de R Gibson Miller
The Case for Homoeopathy, de Wheeler

Grupo III
Repertorios

Therapeutic Pocket Book, de Allen y Boenninghausen
Repertory of Diarrhoea, de Bell
Characteristics and Repertory, de Boger y Boenninghausen
Symptom-Register, de Field
Concordance Repertory, de Gentry
Analytical Therapeutics (Vol. 1 only one published), de Hering
Repertory and the New Manual, de Jahr
Repertory of the Materia Medica, de Kent
Repertory to Hering’s Guiding Symptoms, de Knerr
Repertory to the More Characteristic Symptoms of the Materia Medica, de Lippe
Cough and Expectoration, de Lee y Clark
Clinical Repertory, de Shedd
Repertory to the Modalities, de Worcester
Homeopathic Therapeutics, de Lilienthal

Grupo IV

Terapéutica y práctica homeopática

System of Medicine, de Arndt
Science of Therapeutics, de Baehr
New Cure for Consumption, de Burnett
Homeopathy in Medicine and Surgery, de Carleton
Text-Book of the Practice of Medicine, de Cowperthwaite
Practical Homeopathic Therapeutics, de Dewey
Application of the Principles and Practice of Homoeopathy to
Obstetrics
, de Guernsey
Forty years’ Practice, de Jahr
Leaders in Homeopathic Therapeutics, de Nash
Leaders in Pneumonia, de Pulford
Special Pathology and Diagnostics, de Raue
Textbook of Homeopathic Theory and Practice of Medicine, de Royal
Tissue remedies, de  Schuessler

Se observará que en la compilación para una estantería de cinco pies de libros homeopáticos, es preciso omitir muchas obras muy conocidas debido a su volumen, como, por ejemplo, Allen´s Encyclopedia, en diez volúmenes, y Guiding Symptoms de Hering, también de diez volúmenes. De estos dos últimos libros bien podría decirse que ninguna biblioteca puede considerarse completa sin ellos. Aquí hemos seleccionado solamente Condensed Materia Medica de Hering y Hand Book de Allen. El libro de Bartlett en tres volúmenes sobre la práctica bien podría incluirse, ya que es la última obra de este tipo debida a la pluma de un autor vivo y contiene un resumen actualizado del panorama general de la medicina, incluyendo la terapéutica homeopática.

Hay un sinnúmero de obras menores, tales como las monografías clásicas de Burnett, los ensayos de Dudgeon, los volúmenes del periódico Organon de Skinner, el Journal of Homœopathics, de Kent, muchos de los ensayos de Clarke, Wheeler, Weir, Tyler, y otros escritores modernos, que deben encontrar un lugar en la biblioteca de cada médico homeópata.

La lista precedente y muchos no mencionados aquí son los libros de los que el médico homeópata no puede prescindir. En la toma del caso, obras como las de Boger, Close, Kent, How Take the Case end Find the Simillimum, de Nash, How to Use the Repertory, de Bidwell, Repertorizing and How not to Do It, de Margaret Tyler, son de inestimable valor.

En el estudio de la filosofía hay que familiarizarse con todas las obras de Hahnemann, conocer a Kent de principio a fin, y puede ser provechoso leer a Joslin y a Carroll Dunham, así como muchos de los ensayos e introducciones de Hempel, y las conferencias de Stuart Close.

El médico homeópata tiene que haber leído Lesser Writing de Bönninghausen y la traducción de este último de los Aphorism of Hippocrates. Debe saber a fondo la materia médica de no menos de cien remedios, y debe tener un conocimiento exhaustivo de los mil más que comprenden la materia médica completa.

También debe haber leído obras tan completas como Life of Hahnemann, de Bradford, Samuel Hahnemann his Life and Works, de Haehl, History of Homeopathy, de Ameke y estar familiarizado con Pioneers, de Bradford.

Debe estar más o menos familiarizado con la bibliografía homeopática y debe estar familiarizado con el método de Boenninghausen, el método de Kent, y con el uso de diferentes tipos de repertorios de fichas.

Debe estar familiarizado con, y si es posible tener en su poder, una variada colección de las obras de los viejos maestros, y los volúmenes encuadernados de las primeras revistas homeopáticas. Una colección tal, que trasciende en un grado inconmensurable cualquier estantería de cinco pies para libros, constituirá una biblioteca completa para el médico homeópata estudioso y concienzudo.

El estudioso de los clásicos homeopáticos, el bibliófilo, el verdadero conocedor de la homeopatía hahnemanniana nunca podría dejar de vagar por las fascinantes carreteras y caminos de la literatura homeopática. Las bibliotecas de los pioneros de nuestro arte consistían en tal gatherum omnium.

En los últimos años, muchas de estas colecciones han sido legadas a nuestra generación. Feliz y afortunado, el que posea un arsenal literario así.

En la medida de lo posible, todos y cada uno de nosotros deberíamos reunir estos tesoros literarios. Porque un libro es  un tesoro inestimable, de cuyo poseedor se ha dicho con razón:

Con palabras de verdad
su espíritu se hizo fuerte
vivió sin debilidad
y menospreció la muerte.
Bailaba sin que importase
cuán lúgubre fuera el día
y el hecho de que volase
a un libro se lo debía.
Un libro ¡qué libertad
le dio a su espíritu alado!
Un libro: felicidad
sin temor y sin cuidado.

Tomado de:
The Heritage of Homœopathic Literature
de Julian Winston
También puede encontrarse el texto en inglés en:
http://www.wholehealthnow.com/books/benjamin-woodbury.html


3 Comments on “LIBROS DE LOS QUE EL HOMEÓPATA NO PUEDE PRESCINDIR The Literary Armamentarium”

  1. 1 Marino said at 10:02 am on Junio 6th, 2010:

    Toda selección tiene algo o mucho de subjetivo, de gustos y preferencias personales. Como subjetiva es la valoración de lo imprescindible en literatura homeopática. Esta selección de textos fue buena para su autor en 1931 y lo es para mí en 2010. Están casi todos los gigantes de las primeras generaciones. Buena parte de la homeopatía digamos teórica que sé la aprendí en ellos, mientras, simultáneamente, mis pacientes me iban enseñando en la consulta la homeopatía práctica. Y siguen siendo, principalmente, mis textos de referencia en la actualidad. Respecto a lo publicado desde 1931 hasta nuestros días, el debate bien merece otro apartado.
    Valga como aportación personal al objetivo de llegar a las 5 colaboraciones en esta entrada, objetivo audaz considerando antecedentes. Uno de los pioneros, Boenninghausen, invitó a los homeópatas de su época a una discusión respecto al valor característico de los síntomas. Transcurrido un tiempo tuvo que escribir él mismo al respecto, ante la pasividad de los colegas y la ausencia de aportaciones. Desde entonces es tradición en homeopatía esta suerte de pereza para el debate y la discusión pública. De no llegar a las colaboraciones esperadas, creo que no sería mal consuelo para Emilio compartir categoría de promotores frustrados de la comunicación homeopática pública junto a Boenninghausen y otros.

  2. 2 Emilio Morales said at 12:15 pm on Junio 6th, 2010:

    Hola Marino, gracias por tu aportación. Y gracias también por la anécdota de Bönninghausen. Casi me dan ganas de que no haya comentarios sólo por formar parte de tan enjundiosa lista de homeópatas frustrados. A continuación colgaré otro comentario para ver si calentamos un poquito el ambiente, pero quede constancia de que los que yo cuelgo no contabilizan para los cinco que me he propuesto como meta modesta (pero por lo que se ve, inalcanzable).

  3. 3 Emilio Morales said at 12:18 pm on Junio 6th, 2010:

    He aquí una opinión sobre libros de Julius Aegidi (1795-1874), un propagador apasionado y polémico de los primeros tiempos. El texto pertenece a una carta del doctor Aegidi a su amigo y colega el doctor Bruno Gisevius, editor de la Revista berlinesa de homeopatía. Tomado de Richard Haehl, Samuel Hahnemann, fundador de la homeopatía. Su vida y su obra. Tomo II, suplemento 242. Editorial Mínima, Sevilla. En prensa.

    “¿Estás estudiando las Enfermedades crónicas de H.? Bien hecho. Estudiar bien a fondo cada cuatro semanas un remedio, eso es más interesante que la novela más emocionante. Antes, cuando no había otra cosa que las obras de Hahnemann, se aprendía realmente a curar; desde que descansamos sobre los laureles de los repertorios hemos olvidado lo aprendido, y los más jóvenes, que sólo utilizan repertorios y ni tienen ni conocen las fuentes, nunca harán grandes curaciones. Lo mejor que sé lo he aprendido con la Materia médica pura, el Archivo de Stapf (en el que se encuentran excelentes exámenes de remedios de los viejos discípulos de H., que son trabajadores incansables) y las Enfermedades crónicas. Ciertamente me costó un gran trabajo, pero el beneficio es incalculable. Sólo hay que leer atentamente sobre un remedio, y se ganará sobre él una opinión muy diferente que a partir de los fragmentos despedazados de los repertorios. ¡Si se corta en mil pedazos un retrato bien hecho, uno no se puede hacer una idea sobre el carácter del todo a partir de los jirones! Sostengo que los repertorios son una maldición para el progreso de la homeopatía, no permiten que se produzcan curaciones grandiosas. Igual que con la Biblia, hay que leer una y otra vez las fuentes e investigarlas, y una y otra vez se conocerán nuevos aspectos de los remedios, nuevos puntos de vista. (…) Que el diablo se lleve todos los repertorios, que hacen añicos y separan frívolamente lo que ha de estar junto y unen lo extraño solamente para mantener el infantil orden de abecedario. Para poder compilar a partir de ahí una imagen característica con sus pros y sus contras debería uno saber de memoria toda la materia médica, y entonces sí que no harían falta los repertorios (…).”


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