Bienvenidos al blog Libros de Homeopatía

PRINCIPIOS Y PRÁCTICA DE LA HOMEOPATÍA. EL PROCESO TERAPÉUTICO Y CURATIVO

Posted: Mayo 5th, 2010 | Author: | Filed under: Método y doctrina | No Comments »

La editorial Elsevier se estrena en el ámbito de la bibliografía homeopática con la  publicación en lengua castellana del libro Principios y Práctica de la Homeopatía. El proceso terapéutico y curativo cuyo autor es el médico homeópata británico David Owen.

Acepté reseñar este libro sin darle muchas vueltas. Pensé que sería un libro más, valga la expresión, de lectura fácil y que el resumen del mismo estaría listo en unos días. Me equivoqué. Cuando abrí el paquete me encontré con un libro monumental, formato 25×20, más de 400 páginas y además a doble columna. Aunque en un primer momento resoplé, creo que su lectura ha merecido la pena porque me ha ayudado a objetivar y teorizar, determinados aspectos de la práctica clínica.

Es un libro con vocación de manual escrito en un estilo que podemos llamar pendular. Continuamente va y viene, tomando y retomando en espiral diferentes aspectos de la teoría y práctica homeopática. Es en este sentido un libro reflexivo, sinuoso, que partiendo de lo simple va adentrándose en territorios cada vez más complejos de la actividad clínica. Por lo que tiene de clarificador, creo que puede resultar más atractivo a homeópatas experimentados que a médicos que inicien su recorrido en esta disciplina. Tanto por el tono como por el contenido puede ser especialmente útil para todos aquellos que desempeñan actividades docentes.

El libro está estructurado en secciones. Son seis en total: Fundamentos, Causalidad y síntomas de presentación, Totalidad y constitución, Ampliando nuestra comprensión, Profundizando en nuestro enfoque  y Casos confusos y ocultos. A su vez cada sección se compone de cinco de capítulos numerados correlativamente con lo cual el libro presenta un total de treinta. La originalidad estructural radica en que en cada capítulo se abordan los contenidos desde diferentes ópticas o temas, que además se representan por un símbolo o icono, siguiendo un orden que se repite en cada sección, a saber: Filosofía, Materia Médica, Caso, Análisis de caso y Manejo del caso.

La mayoría de capítulos son obra de David Owen, pero al ser un libro con vocación de “totalidad” cuenta, para algunos temas específicos, con la colaboración de otros autores como Jeremy Sherr (Provings), David Lilley (Miasmas), Peter Gregory (Veterinaria), Misha Norland (Signaturas),  Tony Pinkus (Farmacia), Phil Edmonds (Programas informáticos), etc.

El núcleo central del libro, y eje en torno al cual pivota el desarrollo del mismo, es lo que el autor denomina Modelos de Salud, entendiendo como tales a las principales formas de entender la salud y la enfermedad. Para David Owen existen cinco modelos básicos, que no son excluyentes y a menudo se solapan, y los denomina modelo Patogenético, Biológico, Holístico, Holográfico y Relacional.

Cada modelo precisaría estrategias terapéuticas específicas “con sus puntos fuertes y sus puntos débiles, con sus expectativas y sus limitaciones” en palabras del autor. El modelo patogenético requeriría un abordaje basado en la Causalidad y la metodología terapéutica sería Etiológica y/o Isopática; la terapéutica del modelo biológico se basaría en la Presentación de síntomas y la prescripción en lo Local y/o Clínica y/o Keynotes; el modelo holístico precisaría un enfoque basado en la Totalidad y/o Constitución y prescribiríamos partiendo del “Taburete de las tres patas” (mente, cuerpo, general) y/o Constitución morfológica; al modelo holográfico habría que afrontarlo desde las Esencias y/o Temas y las estrategias de prescripción partirían de Miasmas o Familias o Reinos o Remedios relacionados; finalmente el modelo relacional requeriría un abordaje basado en lo Reflexivo y se prescribiría desde lo Psicodinámico, Emocional, “Intuitivo”. A veces (no sé si es por la traducción o por la forma de escribir del autor) tanto la conceptualización de los modelos como su enfoque resulta un tanto confusa.

Ni que decir tiene que los niveles clínicos de complejidad creciente a los que nos referíamos anteriormente, se relacionan con estos modelos y sus diferentes abordajes. Así los estados clínicos basados en el modelo patogenético (para los que no haría falta gran experiencia) se resolverían fácilmente eliminando la causa o mediante prescripción etiológica, mientras que el modelo relacional habría que aplicarlo a lo que el autor llama casos ocultos o confusos, los cuales obviamente precisarían de terapeutas experimentados.

Es de agradecer que el autor no pretenda implantar cátedra, mostrándose sumamente comprensivo y respetuoso con las diferentes estrategias terapéuticas que ha deparado el devenir desde los tiempos de Hahnemann. Esto es lo que se desprende de los capítulos escritos por él. Especialmente interesante me ha parecido el capítulo veinticinco dedicado al Encuentro Terapéutico y la Relación de Supervisión. Destilan una honestidad y humildad realmente admirables que solo pueden aportar beneficios para el practicante. Tanto el Acuerdo Terapéutico con el paciente de forma explícita, como la Relación de Supervisión con otros colegas son prácticas que deberían estimularse desde las academias y asociaciones homeopáticas.

En contraposición a esta línea, llama en especial la atención el capítulo dedicado a los Miasmas. El trabajo de Lilley aunque vibrante y directo resulta un tanto apocalíptico. Describe una especie de historia de la humanidad por épocas, cada una de las cuales estaría marcada por una determinada carga miasmática. Esto resulta original y hasta cierto punto atractivo, pero altamente moralizante, entroncando con las corrientes clásicas que representan Kent, Ghatak y Allen que vienen a identificar enfermedad y pecado, alimentando el espíritu, en cierto modo, “salvífico” del que la medicina homeopática hace gala desde sus orígenes. Desde la pedagogía se echa a faltar aquí, una visión menos apasionada y un enfoque más ponderado, reflexivo y objetivo de la evolución de la Teoría Miasmática.

En cuanto a la traducción, y para terminar, la primera sensación es que, tal vez, podría estar más afinada. Sin embargo, conforme se avanza en la lectura, aparecen las dudas y uno no sabe si ello es debido a la traducción, o la forma de escribir de David Owen que a veces resulta un poco enrevesada pues los capítulos escritos por otros autores, como por ejemplo el de Jeremy Sherr o el de David Lilley, por poner un ejemplo, son de lectura fácil, fluida y directa.

Barcelona, Julio de 2009

Dr. Juan Manuel Marín Olmos



Leave a Reply